Las acuarelas son un medio muy versátil y tal vez sea la técnica plástica tradicional más empleada en el campo de la ilustración. También es de las más antiguas. Actualmente en el mercado hay gran cantidad de marcas de acuarelas y se presentan en muchos formatos.

En esta misma web ya propuse dos o tres artículos relacionados con la acuarela que os recuerdo aquí: «Pruebas básicas (pero que muy básicas) con acuarela», «Máscaras y capas con acuarela» y también «Alianzas imprescindibles: la línea negra y la acuarela».

El formato más habitual es la acuarela en pastillas (derecha), pastillas que se comercializan en distintos tamaños. También hay acuarela en tubo (izquierda) y acuarela líquida (centro), a la que dedicaré este texto. Todas estas acuarelas se pueden adquirir por separado, por colores; pero también se venden en cajas o kits que pueden ser algo más económicos, aunque siempre «cuelan» algún color que jamás emplearéis, seguro. También hay una gran multitud (cada vez más) de materiales acuarelables: lápices de colores, rotuladores, ceras o pasteles, grafitos… de los que he hablado en anteriores artículos.

¿Cuál elegir? Bueno, yo elegiría en función de lo que queramos conseguir con ellas. Con independencia de marcas o de la calidad, podemos ir eligiendo uno u otro tipo según sea lo que queramos hacer con ellas. Se me ocurre presentar la siguiente tabla que seguro me ayudáis a completarla:

Las principales ventajas de la acuarela líquida para mí tal vez sea la capacidad de crear gran cantidad de color pudiendo controlar la composición de las combinaciones de color para poder volver a hacer esa mezcla que realizamos en un momento dado. Yo lo hago contando las gotas que echo de cada color y las gotas de agua con las que la diluyo y consigo así una receta que puedo volver a realizar en otro momento. Las propias acuarelas líquidas se presentan en botes que nos permiten dejar caer la acuarela gota a gota, pero también podemos contar con jeringuillas o pipetas que nos ayudarán a controlar las cantidades como si fuéramos alquimistas.

Para trabajar los colores hay que hacerse con pocillos o algún tipo de recipiente. Podemos emplear moldes para hacer hielos o de otro tipo, y también es interesante hacernos con frascos que puedan cerrarse de manera independiente por si hacemos gran cantidad de color y queremos conservarlo para trabajar con él en otro momento.

La acuarela en pastilla es mucho más cómoda a la hora de trabajar con ella o a la hora de sacarla a la calle, pero las mezclas de color que podamos conseguir son difíciles de replicar ya que no se mezclan de manera tan controlada como con las líquidas. Por otro lado, la cantidad de acuarela que podemos hacer de un color con este formato es relativamente pequeña por lo que no es la mejor opción para hacer grandes extensiones de color.

Otro tema que a mí personalmente me preocupa menos es el de su duración en el tiempo. La acuarela de calidad en pastilla o en tubo está hecha con pigmentos naturales, goma arábiga, agua destilada y glicerina, pero la acuarela líquida, en general, no está compuesta por pigmentos sino por colorantes o tintas. Esto afecta principalmente a la conservación del trabajo ya que una acuarela hecha con pigmentos de buena calidad durará mucho más o le afectará menos la luz que una acuarela con pigmentos pobres o con colorantes. Aun así creo que, como ilustradores, esto no debe detenernos ya que, en mi opinión, debemos entender que un ilustrador realiza un trabajo gráfico principalmente para ser reproducido por lo que una vez hecho el trabajo con acuarela vamos a proceder a escanearlo. Por eso yo no me preocuparía si después los colores de nuestro «original» pierden intensidad. Aun así, si no lo vamos a exponer o tener enmarcado y va a estar archivado, no vamos a tener mucho problema con la intensidad de los colores.

La acuarela líquida que yo uso en este artículo es una acuarela concentrada que dispone de una carta de 50 colores. Os recomiendo que leáis antes las fichas técnicas de los productos para conocer no sólo la cantidad de colores que comercializan, sino para saber si están compuestas por pigmentos o por colorantes. Esta es la ficha de la Acuarela Líquida Vallejo (PDF). Otra marca muy popular es la Acuarela líquida Ecoline (PDF), que dispone de 60 colores y sus frascos ahora vienen con cuentagotas (antes no). No tengo ninguna preferencia, uso las primeras porque son las que tengo.

A nivel técnico, la aplicación de acuarela sobre papel es independiente de su presentación o marcas y son ideales para combinar después con lápiz de color o gouache, por ejemplo. Otra ventaja que tiene la acuarela líquida es que podemos rellenar un pincel de agua o pincel con depósito y disponer así de un pincel siempre preparado con nuestro color en nuestro estuche.

Una práctica con aerógrafo

Pero si para algo me parece personalmente muy interesante la acuarela líquida es para su aplicación con aerógrafo, y esa es la propuesta que planteo en este artículo. Como he comentado, aprovecho la ventaja de poder tener «recetas» de colores por lo que investigo, pruebo y fabrico los colores que me interesan, apunto las combinaciones de colores y agua y me guardo los colores que hago en gran cantidad ya que antes de hacer la ilustración hay que hacer pruebas…

El aerógrafo es una pistola de aire que escupe el color que le metemos en un depósito. En función de la cantidad de aire que apliquemos saldrá más o menos pintura. Dependiendo de si el aerógrafo es simple o de doble acción podremos controlar con el «gatillo» de la pistola la cantidad de acuarela que vamos a expulsar y la intensidad del aire (la fuerza). Además de eso ahora hay otro concepto diferente que es el de la distancia ya que conseguiremos efectos distintos si nos acercamos mucho al papel (efecto de salpicado) o si nos alejamos (más difuminado).

Una cosa importante de trabajar con aerógrafo es tener controlado hacia dónde sale la pintura, por lo que debemos enmascarar hasta el exceso el área de trabajo. Recuerdo de nuevo la práctica sobre la que ya escribir de trabajar la acuarela «Máscaras y capas con acuarela» porque haré la misma ilustración que hice allí, para que podáis comparar los resultados.

Aunque aquí veis unos pocos trozos de cinta, alrededor de esa cinta y tapando todo el papel para que se reserve blanco coloco mucho más papel alrededor que debo fijar con cinta o peso para que no salga volando con el aire del aerógrafo.

También me ayudo del (engorroso) fluido enmascarador para ciertas zonas que siempre irán blancas. Aun así, debo confesar que este proceso conlleva mucho trabajo. El tiempo se invierte casi exclusivamente en enmascarar, tapar y encintar, más que en aplicar el color. Otra parte del tiempo se va lógicamente en la limpieza del aerógrafo cada vez que cambiamos de color.

Con respecto al resultado que veis, me gusta especialmente la suavidad en los degradados, la delicadeza del color y el contraste que crea esto con el hecho de que no queden bien registrados los distintos colores por la dificultad de que las zonas enmascaradas coincidan. Después se podría enriquecer aplicando lápiz de color, por ejemplo… Lo he dejado así para que veáis el resultado sólo con aerógrafo.

Si no tenéis acceso a un aerógrafo podemos probar a meter acuarela líquida en botecitos o frascos con difusor que se venden en bazares o en droguerías. Un día de estos lo probamos si os apetece.

El aerógrafo es una herramienta que requiere tener muchos cuidados y preparaciones previas (el color, las máscaras…), requiere que esté siempre muy limpio… por lo que no es una técnica muy práctica. Pero para algo que sí que la suelo emplear de vez en cuando es para generar o diseñar texturas que me puedo llevar después a trabajos que hago con collage. Un día de estos os lo enseño también (me estoy poniendo muchas tareas, ¿eh?).

Gracias por vuestra lectura, como siempre.

 

3 Comentarios

  1. Genial Alberto ¡cuánta información!
    Voy a meterle mano al cuadro como sugieres ;P
    Para mí, las de tubo son igualmente fáciles de llevar a la calle echando la acuarela en un godet, puedes reutilizar alguno que se te haya terminado o comprarlos vacíos. Puedes también, rellenar en minipocillo que elijas, no tienen por qué ser los estándar. Yo elijo los tamaños estándar (comprándolos vacíos) porque es más fácil encajarlos y que no se muevan en las cajas de acuarelas que ya tengo. Si partes de cero hacerte con una caja y unos recipientes que ya tengas por casa será genial.