El cambio de paradigma que han sufrido los cuentos infantiles puede tener efectos no previstos en el desarrollo emocional y psicológico de los niños. Aunque los nuevos cuentos postmodernos busquen ofrecer una visión más progresista de la realidad, su tendencia a eliminar el conflicto interno y a evitar una transformación individual podría limitar la capacidad de los niños para entender y lidiar con las dificultades en la vida real.

Seguramente muchos libros reivindicativos existen porque tanto autores, editores, padres o divulgadores sienten que muchos libros tradicionales no han abordado ciertos temas que les interesan, y han contribuido a impulsar nuevas perspectivas. Por lo tanto, han surgido libros que se oponen a narraciones clásicas para llenar esa necesidad.
Si antes el lobo engañaba a Caperucita y se la comía, ahora Caperucita es astuta, logra engañar al lobo y lo derrota. Pero ese cuento, en ese momento, deja de ser una exploración del inconsciente y se convierte en una proyección de deseos, no un lugar de verdadera introspección.
Porque son los niños los que tienen que entablar un diálogo interno con los cuentos a través de su lectura. Los cuentos juegan un papel fundamental en su desarrollo emocional. Necesitamos las historias para hablar con nuestro inconsciente, con nuestras represiones, nuestros miedos y anhelos.
A través de ellos, los niños procesan sus primeras experiencias con el bien, el mal, los desafíos y cómo afrontar una vida llena de dificultades. No vemos el mundo a través de sus verdades empíricas, sino a través de sus historias.
Los cuentos post-modernos presentan algunos problemas graves que vale la pena considerar:
Cambio del héroe a víctima
En los cuentos post-modernos, se sustituye el arquetipo del héroe por el de la víctima. En los cuentos clásicos, muchos héroes también eran víctimas , pero no hacían de ello su virtud o un estado permanente. Se aceptaba como parte de su viaje, y a través precisamente de una transformación personal, lograban cambiarse a sí mismos y, al mismo tiempo, resolver un problema mayor para su comunidad, evitando así una catástrofe. En el proceso, su crecimiento personal los convertía en auténticos héroes.

Sin embargo, en muchos cuentos actuales, la narrativa parece insistir en que el personaje central, a menudo una víctima, no necesita cambiar, y es el mundo externo el que debe adaptarse a su situación. Este cambio de perspectiva despoja a los personajes del viaje heroico interior, ese camino tan necesario para que un niño entienda la importancia de la autosuperación, simbólica, física e intelectualmente.

Sustitución del conflicto interno por un enemigo externo
Otra tendencia problemática es la eliminación del conflicto interno en las historias. En los cuentos tradicionales, el héroe tenía que enfrentarse tanto a desafíos externos como a sus propios miedos o defectos internos. El mal, de alguna manera, se infiltraba en su psique, y solo a través de un proceso de confrontación y autoconocimiento se lograba vencerlo. Incorporando su conocimiento del mal, el héroe podía identificarlo, entenderlo y derrotarlo.

En cambio, muchos cuentos contemporáneos tienden a externalizar por completo el problema. El personaje ya es presentado como alguien íntegro o virtuoso desde el principio, y se espera que las circunstancias externas cambien para evitar que el personaje tenga que hacerlo. Esto genera una narrativa en la que el crecimiento personal no es necesario, y se refuerza la idea de que el mal o el conflicto están siempre fuera del individuo, y nunca dentro de él.

Cambios en los arquetipos básicos
Muchos de estos cuentos modernos parecen eliminar o subvertir por completo los arquetipos tradicionales que durante siglos han servido como guías para el desarrollo emocional y psicológico de los niños. Los cuentos clásicos contaban con figuras simbólicas que ayudaban a los niños a entender el mundo: el héroe, el villano, el mentor, entre otros. Estas figuras no solo tenían un papel dentro de la historia, sino que representaban aspectos de la psique humana con los que el lector infantil podía identificarse y confrontarse.
El problema radica en que muchos padres y educadores desconocen la importancia de estos arquetipos y, en su afán por proteger a sus hijos de lo que consideran narrativas dañinas, privan a los niños de historias que les permiten explorar sus propias emociones, temores y deseos.





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