Si no conocéis o no habéis usado demasiado los lápices de colores os invito a echar un ojo a otro artículo que escribí aquí hace tiempo titulado «Introducción general a los lápices de colores». En él hablo un poco sobre diferentes tipos o marcas de lápices de colores y algunas pruebas que se pueden realizar para conocerlos un poco mejor y sacar partido de ellos.

Hoy los retomo de nuevo, si es que alguna vez los he soltado, para traer tres técnicas diferentes con las que podemos aplicar color a una ilustración solo con lápices de colores. Esta herramienta es muy versátil y encaja muy bien con otras herramientas como el gouache, la acuarela, los rotuladores… Ya lo habréis visto si me seguís por aquí, que los lápices de colores nunca desaparecen, están siempre presentes, y es que es uno de los medios básicos de todo ilustrador y sin duda uno de mis favoritos.

Para estos ejemplos que he realizado he utilizado lápices de color Polychromos de Faber-Castell. El papel es de dibujo: Basik de Guarro de 130 gr/m².

No me extenderé demasiado. La primera de las técnicas es la más habitual o es con la que nos solemos acercar a este medio. Se trata de ir aplicando color poco e ir saturando cada vez más y mezclando diferentes tonos hasta conseguir un acabado suave, más o menos uniforme, consiguiendo transiciones delicadas y matices en los detalles. Es la técnica que he usado más con lápices de colores.

Si decidimos aplicar un color ocre clarito, casi amarillo, tenemos también que hacernos con ocres más oscuros para ir matizando sombras en distintos sitios y mezclar ambos, como podemos ver aquí arriba en la oreja que queda detrás o las sombras de la parte inferior de la cabeza o el pequeño sombreado que queda en la unión de la cabeza y el cuello. El lápiz de color es un medio lento y esta técnica, en particular, requiere de tiempo y paciencia ya que hay que ir añadiendo color, cambiar de lápiz, y procurar siempre que estén bien afilados para aplicar el color exactamente donde se quiere. También debemos hacernos con varios grises para las zonas más oscuras, las crines, y un lápiz negro para el ojo y los agujeros del hocico. Hay que tener cuidado con el negro porque mancha mucho. Yo generalmente uso un gris muy oscuro para lo que quiero que sea negro, no suelo usar el negro de entrada. Lo uso para las posibles sombras que puedan tener las zonas negras, es decir, uso el negro para las sombras sobre el negro. Cosas mías. No me hagáis caso.

El lápiz blanco al final no lo utilicé. Ese lápiz se suele emplear para fundir y/o mezclar los colores y conseguir un acabado mucho más aterciopelado. Escribí un artículo exclusivamente sobre él en «El lápiz blanco: difuminador y mezclador». Además del lápiz blanco, hay marcas que comercializan un lápiz incoloro o blender que tiene la misma finalidad con la característica de que parece que «aclare» menos el resultado final.

Pero esta no es la única forma de aplicar color con los lápices de colores. De hecho habrá tantas formas y métodos como ilustradores haya. Eso es lo interesante de todas las herramientas, que cada uno puede construir su propia técnica o método para aplicarlo a sus trabajos. La siguiente forma de aplicar el color no sé cómo llamarla o como definirla por escrito. Se trata de una técnica más «descuidada», más libre y más rápida, consistente en no estar tan pendiente de los límites del dibujo o del acabado suave que buscaba en la ilustración de arriba. En este caso he realizado trazos más enérgicos y decididos, apretando bien el lápiz desde el principio sobre el papel. Jugando con las direcciones del trazo. Es divertido y como se tarda poco podemos probar varias veces. Probad y repetid, no me seáis vagos. Tiene que ser rápido. Poneos un cronómetro y resolvedlo en unos pocos minutos.

El resultado es diferente como véis. Ni mejor ni peor que lo primero. Aquí conseguimos mucha fuerza, la expresividad de los trazos es muy interesante. Se sacrifican algunos detalles pero el conjunto de la ilustración funciona si los trazos son uniformes en todo el trabajo y no creamos zonas con tratamientos muy distintos.

Otra técnica: Todos hemos jugado al frottage. Seguro que lo habéis hecho en el colegio o en el instituto. Se trata de manchar con lápiz una hoja bajo la cual se colocaban objetos o texturas de manera que esa textura quedaba «impresa» en el papel. Os propongo hacer lo mismo pero con lápices de colores. Para ello conviene que el papel no sea demasiado grueso para que traspase fácilmente la textura. En los dos casos que os pongo abajo he buscado carpetas, cuadernos o libros con texturas y sobre ellas he colocado el papel y coloreado el burrito.

La textura colocada bajo esta ilustración de aquí arriba estaba compuesta por rayas y he ido moviendo el papel sobre ellas de manera que las rayas cambiaran de dirección.

Este último ejemplo tiene una textura más uniforme y puede dar la sensación de estar realizado sobre un papel con grano, pero ya sabéis que no.

Recomiendo probar distintas cosas hasta encontrar con la fórmula que nos guste más o que vaya más con nuestro estilo o forma de trabajar. Hay técnicas que requieren tener paciencia y otras que necesitan ser más enérgico y eso forma parte de nuestro estilo que, irremediablemente, lo hemos de llevar a nuestra forma de trabajar para crear nuestra propia técnica.