Seguramente el lápiz de color sea una de las primeras herramientas que usamos para aplicar color ya desde niños. Por alguna extraña razón cuando empezamos a aprender o a meternos en el mundo de la ilustración suele ocurrir que comenzamos a apartarlo de nuestro estuche.

El lápiz de color o «pinturas de palo» como dicen algunos de mis alumnos, no es una herramienta muy rápida y requiere que nos tomemos nuestro tiempo y que seamos muy metódicos para según qué resultados.

Cada uno de estos lápices tiene sus propias características y podrá incluso dar resultados diferentes según sea el papel que empleemos, por lo que será difícil proponer recetas únicas o llegar a algún tipo de conclusión. No tendremos más remedio que probar y probar para ver cuáles son más adecuados para el trabajo que vayamos a realizar.

 

Pruebas…

Voy a mostraros las pruebas que he realizado con distintos papeles con lápices de color Polycrhromos de Faber-Castell. Estos son un tipo de lápiz con un pigmento de muy buena calidad en un lápiz redondo que no es ni muy blando ni muy duro, que hace que sea muy fácil mezclar distintos colores. En estas pruebas que pongo debajo hago, en la parte superior, un degradado de azul a amarillo (para encontrarme con el verde en el centro). Después debajo hago un degradado con cuatro colores distintos para ver cómo interviene la textura del papel en la mezcla, de más saturado a menos. Hago dos pruebas, en las de la columna de la izquierda he aplicado el lápiz blanco al final, y en las de la derecha no. Ya escribí hace unos meses sobre el uso del lápiz blanco como difuminador y mezclador así que ahora no me extenderé, pero es la clave para poder conseguir determinados efectos.

Estas primeras pruebas de arriba están hechas sobre papel Canson Multitécnico de 200 gr/m². Es un papel que tiene muy poca textura y que admite muy bien esta técnica. A la izquierda veis cómo se mezcla entre si y con ayuda del lápiz blanco se consigue rebajar mucho la textura del propio papel si lo comparamos con los efectos que se consigue sin el lápiz blanco en la parte de la derecha.

Estas pruebas de aquí encima están hechas sobre cartulina común, de papelería. La superficie también es lisa sin textura y cuando usamos el lápiz blanco prácticamente conseguimos suprimir la textura del soporte. Es un material que funciona muy bien para el lápiz de color.

Si vamos a una tienda de productos de Bellas Artes y preguntamos por un papel para lápiz de color seguramente nos ofrecerán papel Caballo, un papel de muy buena calidad con el que podemos trabajar el lápiz de color de ambas formas, tanto mezclando con el lápiz blanco (izquierda) como dejando participar a la textura del papel (derecha). Sobre este papel podemos trabajar el lápiz de color obteniendo valores de mucha intensidad cuando saturamos mucho el color.

Por último muestro unas pruebas hechas sobre papel Ingres, un papel verjurado que se usa mucho para dibujo. Yo no lo uso nunca pero quería ver cómo funcionaba y cómo participaba esa textura del papel con lápiz de color, aplicando o no el lápiz blanco al final.

Todas estas pruebas (muy aburridas pero tremendamente útiles) nos permitirán conocer primero nuestros propios lápices de colores, después los efectos que se pueden conseguir en función del papel que empleemos y también nos entrenará nuestra mano a la hora de ejercer más o menos presión para obtener los resultados deseados. Fijaos cómo, siendo el mismo lápiz, cambia mucho en función del papel y de cómo se aplique sobre él.

 

Y más pruebas

Para ver algunas diferencias más he realizado una ilustración sobre papel común de oficina normal (80 gr/m², también conocido como popularmente como «folio», aunque sea un A4). He copiado la misma ilustración empleando cuatro tipos de lápices de colores diferentes. En ninguna de las ilustraciones de abajo he aplicado al final el lápiz blanco o similar para encerar o mezclar los colores. También he intentado usar colores similares para que no haya muchas diferencias. No sé si se podrá apreciar bien en las imágenes pero os cuento mis impresiones:

Lápiz de color Polychromos de Faber-Castell. (web oficial) Es el lápiz con el que hemos realizado las pruebas anteriores. Es un lápiz redondo con un excelente pigmento de color que nos ofrece un material ni muy graso ni muy duro. Es un material muy versátil que da unos excelentes acabados cuando se aplica el lápiz blanco para «encerarlo» después. Tiene una amplia gama de 120 colores.

 

Lápiz de color Supracolor Soft de Caran d’Ache. (web oficial) A diferencia del anterior en este caso tenemos un lápiz de color más «blando» que suelta más pigmento y rellena más con menos pasadas (también se gasta más, claro). Debido a que es más blandito mezcla mucho mejor. Tiene también la ventaja de que es un lápiz acuarelable, con lo que tenemos dos herramientas en una. Es un lápiz hexagonal lo que hace más difícil que ruede por la mesa y caiga al suelo. Comercializa una gama de 120 colores.

 

Lápiz de color Prismacolor Premier. (web oficial) También es un lápiz muy blandito que permite hacer mezclas estupendas. La calidad del color es muy buena. A diferencia del Caran d’Ache, el Prismacolor Premier es un lápiz graso (no acuarelable) y la sensación al trabajar con él es diferente. No se puede explicar, hay que experimentarlo. Tiene una amplia gama de 150 colores.

 

Lápiz de color Prismacolor Premier Verithin. (web oficial) Tras hablar de lápices de color blandos, esta marca nos ofrece un lápiz de color más duro con el que podemos trabajar de otra manera. Aquí la mezcla es más difícil pero nos permite conseguir unas texturas también muy interesantes. Su gama apenas cuenta con 36 colores.

En estas otras pruebas que pongo aquí abajo podemos ver un poco la diferencia entre los dos lápices Prismacolor, el Premier (más blandito) y el Verithin (más duro):

No quería hacer una comparativa muy sesuda o un ranking con los mejores lápices de color. De hecho no sé por cuál de todos estos lápices me decantaría si me preguntárais cuál es mi favorito, pues con cada uno podemos conseguir cosas diferentes. Además, creo que también se trata de un tema de sensaciones personales ante el material y cada uno se sentirá más o menos cómodo con un material o con otro. También depende de lo que busquemos porque, muchas veces, podemos conseguir lo que queremos con esos lápices Alpino que venden en el supermercado. ¿A que sí?

El lápiz de color es un gran aliado con otras herramientas. Es fantástico para aplicar detalles a ilustraciones hechas con acuarela y también funciona muy bien junto al rotulador, como ya escribí hace unos meses en «Alianzas imprescindibles: rotuladores y lápices de colores» en esta misma web.

 

El dichoso escáner

Para terminar querría hablar a un asunto que me han preguntado por redes sociales y es el tema del escaneado de ilustraciones hechas a lápiz de color. Obviamente si contamos con un buen escáner tal vez tengamos menos problemas pero siempre es un tema difícil de resolver. En muchas ocasiones nos encontramos con que lo escaneado difiere mucho del original que tenemos sobre la mesa. Yo sigo varias reglas a la hora de escanear:

  • Limpiar la pantalla del escáner. Parece una tontería pero es importante aunque nada más sea para evitar tener que limpiar la imagen después.
  • Hay que tener en cuenta si la ilustración está hecha sobre un papel con textura y es que la luz del escáner provoca sombras de las texturas del papel sobre la propia ilustración, en estos casos, si vemos que aparece con mucho relieve lo que hay que hacer es cambiar la posición del original sobre el escáner para que las sombras no estropeen el resultado, habrá que girarlo aunque sea unos pocos grados hacia un lado o hacia otro.
  • Es importante aplicar peso sobre la tapa del escáner (sin pasarse) para que no quede aire entre el papel y la pantalla del escáner en cuyo caso nos quedaría una imagen escaneada como si estuviera desenfocada.
  • Otra de las cosas que hago es no hacer ajustes con el software del escáner ya que es muy difícil ajustarlo, no se puede ampliar, etc, etc. Es mejor escanear en bruto y editar después con Photoshop, momento éste en el que no hay que desesperarse ya que para que nos quede igual al original debemos tener un monitor perfectamente calibrado, etc, etc. Y aun así, cuando lo pasemos a CMYK y lo llevemos a la imprenta, el resultado una vez impreso será distinto al original y al archivo digital. Yo he perdido la batalla y he decidido dejar de preocuparme por eso. En fin.
  • Si la imagen es muy grande y no cabe en el escáner o el resultado no nos satisface, podemos optar por fotografiar la ilustración. Para hacerlo bien sería adecuado contar con una mesa de reproducción para que la cámara esté perfectamente perpendicular al plano de la ilustración y contar con iluminación controlada a ambos lados a la misma distancia, ángulo e intensidad. A veces es mejor, sobre todo si está sobre un papel con mucha textura.

Me encantaría conocer vuestras opiniones al respecto, tanto sobre el uso de los lápices de color, los papeles… como sobre el escaneado de originales. Gracias por haber leído hasta aquí.