Hace unos meses encontré en un mercadillo de antigüedades una agradable sorpresa: la edición alemana de Der Struwwelpeter (en español, Pedro Melenas) de 1928, y claramente no me lo pude dejar escapar. Así que decidí investigar más sobre este clásico, entre los más controvertidos de la literatura infantil.

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Pedro Melenas se puede considerar el primer enfant terrible de la escena literaria, por primera vez el niño es tratado como un ser complejo, con una voluntad propia y, básicamente, rebelde.

Un libro que además nos ofrece una interesante panorámica sobre la gradual trasformación de la idea de infancia en la sociedad entre el siglo XVIII y XIX. Hasta ese momento los niños se representaban así como los querían ver los mayores: limpitos, educados y amables. Pero a partir del Ochocientos, se desarrolla una nueva figura pedagógica de referencia, la del niño salvaje, arquetipo relacionado al mundo natural y al ideal de una humanidad primigenia, más auténtica y pura (ya Rosseau en su ensayo de educación Émile, ou De l’éducation, habla de la necesidad de dejar al niño manifestar su voluntad y curiosidad por lo que le rodea). De la ilustración al romanticismo asistimos a la definición de un nuevo modelo educativo burgués que de todas formas se demostrará lleno de contradicciones. Por una parte el mito “rousseauniano” del buen salvaje, es decir, la necesidad de rescatar y proteger el espíritu más natural del hombre, reprimido a lo largo de la historia por imposiciones culturales. Por la otra, la voluntad de definir unos códigos de comportamiento que reforzasen la nueva clase media en formación.

El personaje Pedro Melenas representa a ese niño rabioso y rebelde que la sociedad se daba tanto afán en domar, y parece entonces que el libro de Hoffmann sea un manual de uso, aunque bastante sádico y brutal, con este mismo propósito. Pero observando más en profundidad nos damos cuenta de que es justo lo opuesto.

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Primero es importante saber algo más sobre el autor y la historia detrás de esta obra. Heinrich Hoffman fue un célebre psiquiatra de Frankfurt, desde 1851 director del manicomio de la ciudad, que durante su carrera se esforzó en lograr mejores condiciones para sus pacientes, investigando sobre nuevas terapias para el tratamiento de la esquizofrenia e impulsando métodos no coercitivos para la cura de los disturbios mentales. En 1864, además, fundó una innovadora clínica psiquiátrica, con un reparto específico para las enfermedades infantiles.

El origen del libro Pedro Melenas es bastante curioso: en las Navidades de 1844 estaba Hoffmann buscando un libro para regalárselo a su hijo, pero todos los textos infantiles le parecían aburridos y dogmáticos, así que decidió escribir él mismo su cuento. Su creación tuvo tanto éxito entre familiares y amigos que al año siguiente un editor quiso publicarlo con el título Historias divertidas e ilustraciones chistosas para niños. Solo desde la sexta edición el libro aparecerá en su forma definitiva, con Pedro Melenas  dando el nombre a la entera obra y bien en muestra en la cubierta.

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dibujo de la primera edición

 

En las diez rimas que componen el libro predomina una cierta ironía macabra, lo que las acerca a la tradición de las viñetas satíricas del tardo romanticismo alemán, época en la que, cabe recordarlo, es siempre más fuerte el interés hacia la naturaleza de los impulsos y las formas de actuar del subconsciente. En esta perspectiva el libro presenta muchos niveles de lectura, hasta Freud lo menciona en su introducción al psicoanálisis. Y este es seguramente el aspecto que más fascina al lector adulto: hay algo perturbante y, al mismo tiempo, liberatorio y divertido, en las breves historias de Hoffmann.

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Yo misma me he dejado apasionar por las muchas interpretaciones de la obra que he encontrado, aunque he tenido que poner un freno a mi espíritu investigativo porque si no esta entrada no se iba a publicar nunca 😊.

Para los que quieran profundizar en sus significados simbólicos y antropológicos, recomiendo la tesis Comique et sadisme dans le Struwwelpeter de Hoffmann, de Carmélie Jacob. He llegado a este estudio a través de un interesante artículo de Anna Castagnoli, en el cual la autora analiza ampliamente el elemento cómico y su funcionamiento en Pedro Melenas.

Hoffmann consiguió, en sus versos de humor negro, devolver a los niños su capacidad cognitiva y emotiva, con su personalidad propia y única, independiente de la voluntad de los adultos. Y fue un pionero del género, muchos serán los héroes rebeldes que seguirán las huellas de los niños ilustrados por el autor, entre otros Pipi Calzaslargas y el pequeño Max de Sendak (autor que se declaró siempre un gran admirador de las ilustraciones de Hoffmann).

El humor en Pedro Melenas es de dos tipos. Hay una fuerte ironía de fondo, un guiño que el autor dirige a un lector más adulto, con un mensaje de crítica respecto a algunos dogmas culturales. Pero Hoffman también comunica directamente al lector niño, en este caso utilizando otro tipo de comicidad, más corporal, con la exagerada gestualidad de algunos personajes y el uso de onomatopeyas.

La intención irónica y subversiva de Heinrich Hoffman se hace bien clara al analizar la estructura del libro. Primero una introducción en la que el autor se dirige a los niños buenos y educados: un libro tan bonito solo puede ser un premio para los niños que se porten bien.

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Pero al pasar las páginas nos damos cuenta de cómo todo el discurso se hace más absurdo y entendemos que nos encontramos delante de una parodia del sistema educativo de la época.

Los distintos personajes no tienen un final feliz, pero este es el precio que pagar por su propia libertad de decisión. A parte de héroes rebeldes, se vuelven también mártires a los ojos de los pequeños lectores. Efectivamente, las historias trágicas son las que más se quedan grabadas en la mente, en ellas la parte negativa casi siempre se acompaña a una moral o aprendizaje.

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En este caso el miedo está equilibrado con el lado cómico: la exageración, al igual que la caricatura, hacen que el niño sea perfectamente capaz de entender lo que puede ser real y lo que no. Despojándose de cualquier intento moralizante, Pedro Melenas, se transforma en un anticonvencional manifiesto por la libertad de la infancia. Lo intuimos al ver la cubierta con el niño indomable sobre su pedestal, representante en su pose icónica de todos los niños desobedientes, lo entendemos finalmente al cerrar el libro, con todos los personajes en fila, marchando como pequeños conquistadores triunfantes.

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