Hoy vamos a dar un salto de cuatro siglos atrás en el tiempo, para hablar nada menos que del creador del primer libro ilustrado para niños, me refiero al señor Iohannes Amos Comenius. Teólogo, filósofo y pedagogo, nació en la actual Republica Checa en 1592, y hoy es universalmente reconocido como el padre de la didáctica.

Comenius fue un profundo humanista, fuertemente convencido de la fundamental importancia de la educación en el desarrollo del hombre. Me gustaría destacar la modernidad del pensamiento de este gran intelectual, que bien explicó la diferencia entre aprendizaje y dogmatismo, y que entendió ya en su época la importancia del estudio de los idiomas en una óptica cosmopolita y universal. Pero como aquí hablamos de proyectos ilustrados, me focalizaré en su importante aporte a promover una literatura capaz de encontrar en la imagen una forma de comunicación complementaria.

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Comenius se puede considerar el inventor del libro de texto, herramienta imprescindible para el desarrollo de un proceso formativo autónomo. Y es siempre en este contexto de educación que el pedagogo comprende el poder de las imágenes, las cuales son capaces de estimular la curiosidad y el interés del niño, añadiendo cierto placer lúdico a la lectura. Así nace en 1658 el primer libro ilustrado para niños, el Orbis sensualium pictus, (que, por cierto, se ha publicado este año por Libros del Zorro Rojo en su traducción al español, totalmente fiel a la edición original).

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imágenes de la edición de Zorro Rojo

 

También conocido como Orbis Pictus se trata de una enciclopedia visual dividida en ciento cincuenta capítulos, cuya temática abarca: “todas las cosas fundamentales en el mundo y de las actividades en la vida” como nos cuenta el mismo autor.

Con esta obra Comenius se propuso también como primer teórico de la ilustración infantil, promoviendo el valor de la imagen asociada al texto en el desarrollo del aprendizaje, no solo desde un punto de vista escolar, sino en la perspectiva de establecer una relación más sólida y enriquecedora con la realidad.

Contar el mundo a través de las imágenes fue desde el principio el ambicioso proyecto de Comenius, bien sabiendo la necesidad del niño de ver con los propios ojos para entender mejor. Además, comprendió lo importante de formar las bases de una relación con el objeto libro desde la primera infancia, para que ésta pueda continuar y madurar durante el crecimiento, fijándose así en la persona adulta.

 

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Pero la originalidad de Comenius está también en el considerar como catalizador principal la experiencia estética:

«Si alguna cosa pudiera ser percibida por diversos sentidos, ofrézcase a todos ellos […]. Puesto que los sentidos son los fidelísimos proveedores de la memoria».

Y en este sentido educar a la percepción, en particular a la mirada, tiene tanta importancia cuanto educar a otras disciplinas. Ilustrar, y más en general, representar, son formas de indicar la realidad: ofreciendo su perspectiva el ilustrador es el que tiene el poder de hacer las cosas visibles y de este modo invita a observar el mundo.

Si el verbo indicar se refiere a una forma de dar más o menor relevancia a algo, siempre debe hacerse con la intención de dejar una libertad de interpretación personal. En el ejercicio de la mirada que un libro ilustrado nos propone, apreciamos entonces dos perspectivas diferentes, la del que mira, y la del creador de la imagen, de este modo el aprendizaje se hace activo en la construcción de una relación entre los dos puntos de vista. Comenius fue capaz de entender este delicado proceso ya en el siglo XVII, y su obra sigue siendo de gran interés hoy en día por su mentalidad vanguardista centrada en la necesidad del desarrollo de un pensamiento crítico y creativo.

El Orbis pictus abrió toda una tradición de libros informativos que podemos reconocer en diferentes publicaciones contemporáneas. El propósito científico y enciclopédico, que seguramente era el primer objetivo de Comenius, hoy deja espacio también a la inventiva y a la ironía, si pensamos por ejemplo en las enciclopedias ilustradas que nos muestran mundos o criaturas fantásticas.

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Richard Scarry

 

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del libro Gnomos de Will Huygen y Rien Poortvliet

 

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Codex Seraphinianus de Luigi Serafini

 

Pero ya en la obra del pedagogo checo el elemento narrativo tiene su relevancia, Comenius, cuando nos “cuenta” el mundo, no puede evitar hacerlo según su visión personal, no excluye elementos del imaginario fantástico y utiliza estrategias para seducir al lector que desbordan el exclusivo fin didáctico. En los subtítulos, muchas veces añade un carácter calificativo, así, por ejemplo, el delfín es animal velocissimus.

De este modo, con su Orbis pictus, Comenius trazó las bases para que la investigación del álbum ilustrado pueda encontrar también en el sector educativo e informativo un fértil terreno de creación y experimentación.