Imagináos en vuestro estudio, ante vuestra mesa de trabajo, preparados para comenzar un nuevo proyecto. Contáis con lápices de grafito o portaminas, lápices de colores, rotuladores de distintos tipos, acrílicos, acuarelas, pinceles, gouache o témpera, papeles de diferentes grosores… también tenemos las tijeras y el pegamento, la Cintiq, Photoshop… ¡Ya está todo! ¿Empezamos? Uff…

Podemos encontrar multitud de herramientas y materiales, cada vez hay más y más asequibles. Las posibilidades son enormes y las combinaciones casi infinitas… Hay tantas técnicas como ilustradores. A veces el hecho de tener tantos materiales disponibles, tantas herramientas, lápices de un tipo o de otro, distintos soportes… puede llegar a dar un poco de vértigo y puede hacer que nos perdamos entre tanto material.

Una práctica muy interesante que alimenta la creatividad es despojarse de todo, reducir, quitar… ya sabéis esa máxima de que “menos es más” que decía Mies Van der Rohe en relación a la arquitectura y al diseño pero que se puede aplicar a todo. Hagámoslo. La propuesta que os planteo desde estas líneas es tomar simplemente un pincel plano, un bote con agua y un lápiz de grafito acuarelable.

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Hay varias formas de utilizar el lápiz acuarelable. Podemos, por ejemplo, realizar trazos en el papel y después pasar por encima un pincel húmedo diluyendo el grafito; tendremos una mancha más o menos grisácea según la cantidad de grafito y la cantidad de agua que hayamos utilizado. Otra opción, que es la que voy a usar a continuación, es la de manchar con el lápiz en un trozo de papel que utilizaré a modo de paleta para después, con el pincel húmedo, aplicar la pintura en nuestro trabajo.

Con un único lápiz y un pincel plano húmedo se pueden conseguir resultados muy interesantes y es que contamos con dos herramientas en una: un lápiz y una acuarela. Os muestro esta sencilla ilustración en la que busco mostrar varias posibilidades.

Con el pincel aplico una gran mancha de gris. Puedo insistir en ciertas zonas mientras esté húmedo o esperar a que seque y aplicar capas. Si la mancha se aplica sobre el papel seco las líneas de los bordes quedarían nítidas, si se hace sobre el papel previamente humedecido los bordes quedarían difuminados.

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Con el pincel, usando la parte más ancha se pueden aplicar manchas grandes y usando el lateral fino podemos hacer líneas y trazos más finos, como los que he hecho para los troncos de los árboles.

Con el lápiz, en la superficie ya seca, se pueden trazar líneas (finas o gruesas, dependiendo de cómo esté el lápiz de afilado) como he hecho para el perfil de la casa y las tejas.

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Después, empleando la técnica de capas superpuestas en húmedo sobre seco, hago las manchas para las copas de los árboles y, por último, dibujo con el lápiz unos trazos a modo de puerta y ventanas que humedezco con el pincel para enfatizar y aumentar la intensidad del lápiz. Fijaos que el lápiz, cuando no está acuarelado, tiene un trazo grisáceo oscuro pero si se humedece un poco se consigue un tono mucho más negro. Con el pincel casi seco acaricio el tejado para conseguir ese efecto de veladura. Si se insiste demasiado desaparecerías las líneas de las tejas.

Por último, con todo ya seco, aplico varios detalles con el lápiz como los hierbajos o distintos trazos en las copas de los árboles y saco el camino con una goma de borrar. El lápiz acuarelado es estable y no se borra, pero insistiendo insistiendo…

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