El bolígrafo BIC se diseña en Francia entre 1949 y 1951 (¡hace ya 70 años!). Marcel Bich (1914-1994) consigue mejorar al original bolígrafo inventado por Lázló (o Ladislao) J. Biró (1899-1985) y patentado por éste en 1943.

El bolígrafo surge como sustituto de la pluma estilográfica, se comenzó a comercializar haciendo hincapié en que, a diferencia de la pluma, el bolígrafo (estratopen, esferográfico o birome, como se empezó a llamar) siempre estaba cargado de tinta que se secaba en el acto.

En Francia Bich lo que hizo fue reducir costes simplificando el diseño (suprime muelles, botones pulsadores, etc…) y consiguió así popularizar más aún el uso del bolígrafo bajo la firma Bic. Esto fue posible gracias a que la técnica de la época permitió crear una esfera, actualmente hecha con carburo de tungsteno, de apenas un milímetro (0,90 mm), que colocada en la punta hacía llegar la tinta al papel.

Si os interesa la historia de esta herramienta podéis acceder a la entrada del Bolígrafo BIC en Wikipedia. Si queréis conocer más sobre el diseño y la fabricación del bolígrafo BIC os invito a que veáis el siguiente reportaje:

Cuando vemos ilustraciones hechas con bolígrafo lo primero que hacemos es asombrarnos de que un bolígrafo sea capaz de conseguir aquello que vemos. Echad un ojo a ilustraciones de Nuria Riaza, por ejemplo y lo entenderéis. Mirad las imágenes que ha creado para el último disco de Jorge Dréxler usando bolígrafo BIC

El nivel de asombro es directamente proporcional al realismo con el que lleguemos a ilustrar con el bolígrafo, ya que es mayor el contraste que hay entre lo económico de la herramienta y la destreza demostrada. Esto es así con todas las técnicas, cuanto más humilde sea una herramienta y mayor nivel de representación se consiga, mayor es el asombro y la admiración (aunque curiosamente esto no suele ocurrir con un lapicero, al que se le presupone capaz de llegar a un alto nivel de realismo).

El bolígrafo es una herramienta más, como cualquiera que deje un reguero de tinta sobre una superficie. A nosotros nos vale. Lo primero que tenemos que hacer es conocerlo y probar para entender cómo funciona y hasta dónde podemos llegar con él. Para ello debemos probar el trazo, cuál es la mayor intensidad que podemos conseguir, cuál la menor, hacer degradados, trabajar las mezclas de colores, probar cómo se comporta en distintos papeles, qué pasa con el agua…

Para las pruebas que voy a realizar emplearé un bolígrafo BIC cristal (0,9 mm) y un bolígrafo BIC naranja (más fino que el anterior, 0,5 mm), y dicho esto, no puedo evitar acordarme del conocido anuncio de la marca:

Bueno, pues además de estos dos, hay en el mercado también un bolígrafo BIC de 1,6 mm más grueso que el BIC cristal e ideal para rellenar grandes zonas y no morir en el intento. En esta imagen de aquí debajo os comparo los tres tipos de grosores:

Todos hemos dibujado con un bolígrafo BIC y, si como ilustradores hemos trabajado con rotuladores calibrados o con plumilla, la técnica viene a ser un poco la misma aunque debemos tener en cuenta las diferencias con respecto al instrumento que tenemos entre las manos, ya que la presión que requiere, la fluidez, etc es distinta. En unos pocos trazos ya nos hemos acostumbrado. Para trabajar con el bolígrafo como herramienta para la ilustración debemos probar las distintas texturas que podemos conseguir con él a través de tramas de líneas, círculos, trazos cortos… igual que con la plumilla o el rotulador. De vez en cuando hemos de vigilar la punta porque se suelen generar pelusillas provocadas por el frotamiento contra el papel. Hay que tener un papel aparte para ir limpiando el bolígrafo.

Empecemos probando un degradado para ver cómo conseguir la densidad más alta y probar lo poquito que debemos presionar para obtener apenas un hilito de tinta azul. Para la zona más densa de la izquierda me he ayudado del bolígrafo de 1,6 mm. En el centro he usado un BIC cristal normal y para la parte más fina de la derecha me ha venido muy bien el BIC naranja:

Para hacer estas pruebas podemos enmascarar con papel o con cinta adhesiva pero si lo hacemos debemos tener en cuenta el tipo de papel para que al despegarla no se rompa el papel. Aunque los resultados son muy buenos sobre papel normal de oficina de 80 gr/m², estas puebas las he hecho con un papel de dibujo Basik de Guarro de 130 gr/m².

 

Probamos también a mezclar dos colores de entre los colores clásicos de los bolígrafos BIC: azul, rojo, verde y negro, y descubrir así los tonos que esconden.

Como veis no se lleva a cabo una mezcla completa, física, de ambos colores sino que más bien se consigue una mezcla óptica, suficiente para que el ojo la vea un tercer tono diferente del azul y el rojo. El degradado de azul y rojo lo he hecho mediante una textura basada en líneas, mientras que la mezcla entre verde y rojo ha sido a través de una textura basada en círculos.

Si queréis ampliar el tema y ver ejemplos de ilustraciones realizadas con esta técnica os recomiendo el artículo de la profesora de ilustración de la Escuela de Arte de Murcia Helena García: http://ilustrandoenlaescueladearte.blogspot.com/…

 

Una propuesta de trabajo

En sí la técnica del bolígrafo es sencilla (tanto como lo pueda ser el uso de rotuladores calibrados…), otra cosa es que la empleemos para hacer ilustraciones más o menos realistas, que es en las que más he visto su uso (pongo enlaces de ilustradores abajo del todo) y donde más sorprende su uso generalmente. A continuación voy a complicar la cosa (o no) y proponeros la realización de una ilustración diferente.

Os planteo una ilustración hecha a dos tintas (usaremos dos bolígrafos), y realizaremos cada parte en un papel distinto. Para hacerlo divertido (o más difícil aún) vamos basarnos en un trabajo que me encanta, es el álbum ilustrado “Mi pequeño hermano invisible” de la ilustradora Ana Pez, una obra sorprendente en la que con la ayuda de unas gafas con unos filtros rojos podemos ver una misma ilustración de dos maneras distintas.

Sin llegar al nivel de “Mi hermano pequeño invisible” vamos a jugar con esta idea. Además del diseño de la ilustración, dos papeles y dos bolígrafos, uno azul y uno rojo, necesitaremos también papel celofán rojo o las gafas que vienen con el libro de Ana Pez. Echad un ojo al booktrailer:

La idea es hacer una ilustración que tenga un sentido cuando se ve sin las gafas y que cuando nos las pongamos se dejen de ver los trazos realizados con bolígrafo rojo. Pongo un ejemplo muy sencillo (como todos los que procuro hacer).

La ilustración es un pájaro en una jaula. La jaula está hecha con bolígrafo rojo y al verla a través de un filtro del mismo color la dejaremos de ver y por arte de magia el pájaro será libre.

Haremos las dos partes en dos papeles distintos y las juntaremos después con Photoshop poniendo cada dibujo en una capa con el modo de fusión “multiplicar”.

Con el programa podemos manipular el tono o el color de cada una de las dos ilustraciones de manera que incluso podríamos hacer ambas en azul o en verde y modificar el color por completo de manera digital. Una vez superpuestos imprimimos y probamos a ver la ilustración con un filtro rojo.

La idea es sencilla. La teoría es fácil. Lo complicado es aplicar este efecto de manera creativa para narrar una historia o representar una dualidad o un efecto de causa-efecto o como queramos plantearlo, de ahí la maestría de Ana Pez en el proyecto citado más arriba.

Como con todas las técnicas, todo es cuestión de saber cuánto nos queremos complicar. Cuanto más lo hagamos, más aprenderemos.

 


Enlazo la web de algunos ilustradores que usan el bolígrafo en muchas de sus ilustraciones: