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El sello, el arte mas viajero

En este mundo de frases entrecortadas de chat, correos electrónicos y videoconferencias, parece irreal que haya existido un tiempo en el que una persona disponía de un rato de su vida en el que se sentaba tranquilamente a la mesa con un papel y un bolígrafo para escribir una carta o una postal. Después de anotar el destinatario y el remitente le añadía un pedacito de papel pegado que representaba el coste del servicio de hacerlos llegar a su destino. Los sellos postales se convirtieron así en un elemento fundamental en la trasmisión de información.

Diversas anécdotas recogen creación del primer sello que nació tras la reforma del sistema postal británico y que vio la luz el 1 de mayo de 1840. En su diseño hubo que tomar muchas consideraciones y teniendo en cuenta que una imagen siempre enriquece el texto para que no resulte tan desangelado, esta regla también se aplicó a los sellos. El denominado Penny Black o Penique Negro emitido por Reino Unido no sólo indicaba el coste del servicio sino que además mostraba impresa la representación de una imagen y no de cualquier imagen. La efigie de su majestad la reina Victoria le confiere pompa y circunstancia, además figuraba la palabra Postage en la parte superior y en la inferior One Penny (un penique).

The Penny Black, Great Britain, 1840. Fuente: Wikimedia Commons.

Este sistema fue ampliamente aceptado por muchos países y se generalizó a nivel mundial en poco tiempo. De manera indirecta había nacido un nuevo arte o una nueva forma de mostrar el arte, de hacer viajar la literatura, la ciencia y la tecnología a lo largo del mundo a través de las imágenes que llevaba impreso este pequeño papel.

El sello puede tener formato cuadrado o rectangular, en algún caso se han realizado sellos triangulares o con formas de animales pero lo que siempre aparecerá es una imagen geométrica o figurativa estampada sobre ellos. Es ese repertorio variopinto de formas y colores el que nos ocupa.

De forma habitual en todos los países se tomó como elemento común para estampar algo propio o característico del país de origen. Hay que tener en cuenta que existe la posibilidad de viajar por todo el mundo por lo que debe ser un buen embajador del país. Debe mostrar lo mejor y de esta manera encontramos retratos de personalidades (reyes, reinas, filósofos, inventores y escritores), creaciones artísticas y accidentes geográficos además de restos arqueológicos. Así encontramos que una imagen nos está refiriendo a un espacio geográfico concreto. Lógicamente para entenderlo tienes que saber previamente que ese elemento es propio de un lugar. Si vemos una representación de la Torre Eiffel y desconocemos su origen no podremos identificarlo, pero como el sello no se compone sólo de imagen sino también de palabras si nos falla la imagen solo nos queda leer. Así tenemos esta preciosa estampa de un avión sobrevolando París:

Aeroplano sobre París. Francia, 1936. Fuente Wikimedia Commons.

La historia del mundo está llena de acontecimientos políticos y los sellos no pueden ser ajenos pues hemos dicho que son embajadores de ideas. Resulta fascinante la manera en la que arte y la creación artística se ven condicionados, determinados y hasta destruidos por las ideas. Qué mejor manera de realizar una propaganda que un sello como nos indica la imagen siguiente que lógicamente está estampada en color rojo. Es interesante por la manera en la que está compuesta. Es completamente simétrica, los pesos de ambos lados de la imagen son iguales. Son un espejo. Tiene que serlo porque sería una afrenta que el peso de un dirigente y con ello del país que representa fuera superior a otro. El sello nos dice: somos amigos, somos iguales.

Amistad Chino-Soviética. China, 1950. Fuente Wikimedia Commons.

Al ojear un sello algunos elementos parecerían accidentales o faltos de primor en su diseño. Nada más lejos de la realidad, están muy bien pensados porque disponer tanta información (imagen y texto) en un espacio tan pequeño requiere precisión, orden, pulcritud y una buena impresión. Si tenemos en cuenta toda la herencia artística, literaria, científica o histórica que se ha generado a lo largo de la historia de la humanidad en todos los rincones del mundo y que es susceptible de ver su representación en un sello, las posibilidades son infinitas. La cuestión es cómo se transforman en un sello porque no todas las formas de impresión son válidas o por lo menos técnicamente posibles según épocas históricas. El siguiente sello es ejemplo de orden y claridad y aunque es la tipografía la que rige la composición, existen elementos geométricos que lo embellecen:

Azul Prusia. Uruguay, 1884. Fuente: Wikimedia Commons.

Las formas de impresión son variadas. Se considera la más antigua el letterpress, también son habituales el grabado, la litografía o el fotograbado hasta llegar al offset. Cada técnica tiene su particularidad en la disposición de la tinta que genera efectos diferentes. Es habitual encontrar sellos monocromos. El color es un elemento básico según la impresión utilizada que depende de la tecnología disponible en el momento y deviene en una forma de identificar las series de sellos de manera que puede ocurrir que un color, azul, magenta o el que se haya decidido, sirve para identificar el coste concreto que cubre ese sello. Se emplean tintas planas que se pueden combinar en secciones separadas para mayor realce pero hasta que no se perfeccionó la impresión no se podían realizar a todo color dando la sensación de mezcla de colores. No habría resultado operativo. El sello necesita rapidez y economía de medios y hasta una época posterior no se pudo producir un sello a todo color que reuniera estas características. En cualquier caso el producto debe tener un buen acabado. Todo el personal encargado en su elaboración tiene cuidado en comprobar que cada sello es perfecto. No obstante, algunos logran escapar al test de control y llegan al público con erratas flagrantes que hacen las delicias de los coleccionistas, llegando a alcanzar cifras astronómicas en el mercado para sonrojo de sus creadores. No puedo imaginar la cara de pesar de los responsables de las siguientes impresiones al ver que las planchas se habían impreso al revés:

Dendermonde, Bélgica, 1920 Fuente Wikimedia Commons.
Jenny invertida, Estados Unidos, 1918. Fuente Wikimedia Commons.

Uno de los sellos más caros y aparentemente más simple en su diseño es el Magenta de la Guyana Británica. Es un sello extraño en su apariencia por el color del papel que se utilizó, la simplicidad de la imagen donde vemos un buque con el lema de la colonia Damus Petimus Que vicissim (dar y esperar a cambio) en el centro. La manera en la que nació este sello ya estaba anunciando que había nacido una estrella porque esta colonia británica recibía los sellos de la metrópoli, pero en 1856 un problema con los envíos amenazaba con bloquear los envíos postales de los periódicos. Para solucionar provisionalmente el inconveniente, las autoridades locales acudieron a la imprenta de un periódico para sacar una serie de tres sellos. El magenta de un penique y dos sellos de 4 peniques, uno azul y otro magenta. No hay que juzgar por las apariencias ya que este sello es uno de los más valiosos del mundo y es la única copia que existe. Lo interesante del caso es que a pesar de la situación de tremenda urgencia en la falta de suministro no impidió que se empleara tiempo en pensar una imagen, muy simple a fin de cuentas pero una imagen al fin y al cabo para ilustrar el sello. Nunca se deja de utilizar una imagen, un adorno o una filigrana a pesar de las circunstancias:

Magenta de un penique de Guayana Británica, 1856. Fuente Wikimedia Commons. 

Ya hemos visto que la geografía, la tecnología, las grandes personalidades de la historia pueden convertirse en un sello. Los cuadros y grandes obras maestras son igualmente empleados profusamente para decorar y realzar los sellos. Todos los pintores sin excepción tienen su pequeño catálogo y según avanza la tecnología en la impresión, también lo hace la calidad y variedad de colores empleados. Multitud de cuadros lucen en todo su esplendor como este aguador de Diego Velázquez:

El aguador de Sevilla, Diego Velázquez. Ajmán, 1968. Fuente Wikimedia Commons.

En la actualidad los métodos de impresión alcanzan posibilidades infinitas en el color. Si a Velázquez le hubieran dicho que tenía que pintar cien mil ejemplares a todo color de Las Meninas en un espacio de tres cm2 su respuesta no habría sido amigable. La capacidad de imprimir en serie grandes obras maestras y de hacerlas llegar a los lugares más lejanos como pequeñas palomas mensajeras de luz y color es una idea muy hermosa.

La forma de un sello es también un elemento a tener en cuenta. Los sellos triangulares no son muy comunes pero existen ejemplos muy interesantes como este sello de Lituania que además sirve de mapa si nos hemos perdido en nuestro viaje:

Sello de Lituania, 1932. Fuente: Wikimedia Commons.

Otro elemento muy vistoso y que además sirve de propaganda turística es el mundo de la flora y la fauna. Aquí siempre se expone lo más hermoso y representativo:

Jardín Botánico de Sukhum. Abjasia, 1999. Fuente Wikimedia Commons.

Además dan pie a jugar con la orientación en la impresión como nos muestra este sello de Indonesia:

Cymbidium ensifolium, Indonesia, 2017. Fuente Wikimedia Commons

Este precioso sello de Nueva Gales del Sur nos muestra una decoración en filigranas muy del gusto de la época que rodea un medallón y que no deja un hueco libre para representar un Emu y algo del paisaje de fondo. Precioso.

Sello conmemorativo de los 100 años de Nueva Gales del Sur. Australia, 1888. Fuente Wikimedia Commons.

El medio ambiente, las especies en vías de extinción y su defensa tienen también su espacio para la denuncia y la protección en el sello postal. Esta maravillosa imagen de una ballena con su cría nos invita a bucear en el mar y a protegerlo. Resulta interesante su composición respecto al anterior mucho más dinámico, en diagonal representando el movimiento ondulante de ambos mamíferos y el reflejo de la luz a través del agua. Entre ambas imágenes hay una diferencia de cien años y queda patente la evolución tanto en la impresión como en el gusto representativo.

Ballenas en el Atlántico Norte. Islas Feroe, 1990. Fuente Wikimedia Commons.

Pocas cosas pueden decir tanto en tan poco espacio como un sello. Llegar a ver una creación artística impresa en un sello muestra la importancia que esa obra ha alcanzado. De hecho, ver los personajes creados por cientos de dibujantes e ilustradores luciendo su presencia en un sello significa que ha llegado a un reconocimiento a nivel mundial. Resulta muy interesante apuntar que aunque hemos dicho que se tiende a representar elementos o creaciones nativas, cuando una obra, un pensamiento o un hecho es tan vital para la humanidad que representa un hito a escala global, trasciende las fronteras y se convierte en elemento común del sentir popular. Porque hay obras tan bien hechas, que tienen una personalidad tan rotunda, que superan a su autor y se convierten en parte de todos. Mafalda, Superman, Mortadelo y Filemón, Zipi y Zape, las Hermanas Gilda, Doña Urraca, Astérix o Tintín son un buen ejemplo. En España el primer sello de correos dedicado a un personaje de tebeo data de 1995 y el agraciado fue Carpanta, obra de José Escobar.

 Mafalda, Quino. España, 2017. Fuente: El Periódico.com. Ocio y Cultura.

Esta misma serie dedicada al humor gráfico vio aparecer la obra de muchos humoristas como Antonio Fraguas «Forges» dando también la posibilidad al sello de hacer reír a destinatario y remitente:

Mariano y Concha. Forges. España, 2014. Fuente El Huffington Post.

El sello postal es mucho más que un pequeño papel, es un pedacito de la esencia de todos los rincones del mundo y guarda entre sus márgenes un lugar para la pintura, la arquitectura, la ciencia, el retrato, el cómic, la caricatura, la denuncia, la biodiversidad o la literatura y todo eso impreso en un humilde trozo de papel.


[1] Imagen de portada de Pixabay

6 junio, 2022
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Ilustraciones by Gaia Stella