Hace algunas semanas vimos en familia la película Flinch y hace poco en el cine El robot Salvaje. Finch es una película de un mundo postapocalíptico donde un superviviente (Tom Hanks) trata de enseñar a un robot el significado de ser humano (el robot es una especie de adolescente). Es una película recomendable, muy bien hecha con momentos que conectan bien, pero que a mí personalmente me deja un pequeño vacío sobre esa degradación del alma humana que habita en muchas narrativas modernas.
El robot salvaje es una adaptación cinematográfica basada en el estupendo libro infantil de Peter Brown, que también leímos en su tiempo, y también muy recomendado.
La historia habla de Roz, un robot que se despierta en una isla desierta tras un naufragio. aunque programada como una máquina, Roz debe aprender a sobrevivir en un entorno salvaje, interactuando con los animales locales y adaptándose a la naturaleza. A lo largo de su viaje, la película explora también lo que nos hace humanos y la floración de la maternidad . La transformación de Roz, de una simple máquina a un ser con emociones y relaciones, desafía una visión convencional sobre el alma humana. Ayuda mucho a comprender, pero en mi opinión, y es a lo que voy esta vez , poco a jerarquizar.
Es posible que este post se focalice en la parte no animistica de todo lo que no sea humano y quizás parezca un alegato antianimalista, pero te aseguro que no es mi intención y tampoco creo serlo . Puntualizar que mi anterior libro a La Chispa en Mi se llama Mi mejor Amigo y habla de ese amor y amistad eterna de los humanos con los perros.
Comenta Jonathan Pageau que en las narrativas modernas la degradación del alma humana del héroe va del el hombre-mujer al perro y desde el perro al gato y ahí muere. Es decir, cuando una narrativa que habla de un arquetipo se llega a representar con el gato como ejemplo ya sabes que está en un final del recorrido No creo que le falte cierta razón.
A medida que los personajes de las narrativas pierden su humanidad, ya sea convirtiéndose en animales o en máquinas, descienden en la jerárquica de la armonía natural, hay una clara desconexión con lo divino y un colapso en la naturaleza espiritual del ser humano.
La degradación del alma humana en narrativas de ficción, cuentos y películas es un tema que ha sido abordado de manera simbólica y profunda a lo largo de los siglos. Desde la transformación de seres humanos en animales, hasta la deshumanización a través de la tecnología.
Un ejemplo clásico podría ser la “Odisea” de Homero, donde los hombres de Ulises son convertidos en cerdos por la hechicera Circe
En muchos cuentos de hadas y mitologías, la transformación en animal es reversible: el protagonista puede redimirse y recuperar su forma humana si sigue un camino de virtud o de autodescubrimiento.
En la “La Bella y la Bestia” , El príncipe es transformado en una bestia como castigo por su arrogancia, hasta que aprende la verdadera bondad.
En “El Rey Rana” – Un príncipe es maldecido y convertido en rana, hasta que una princesa rompe la maldición.
En “Blancanieves y Rosarroja” – Un príncipe es transformado en oso, que es revertido a través de la bondad y el amor.
En “Brave” varios personajes se transforman en osos conectando con la parte salvaje del alma humana.
Hoy en día también esta narrativa existe pero no termina en redención , quizás por nuestra separación casi total con la naturaleza o por el plano moral en el que nos situamos con el relativismo . El ser humano, en mi opinión, cuando no convive con su dualidad se desequilibra. El femenino con el masculino, la risa con el llanto , la vida con la muerte y en este caso. Tratar bien a los animales, pero también comerlos .
Quizás creamos que tenemos que elegir una de las dos, pero en mi opinión, solo sufrimos vivir con esa dualidad en la que nos situamos .
La empatía con los animales, tan peculiar y tan única en la raza humana entra a veces en conflicto con un sistema jerárquico en los cuentos . ¿Tenemos la misma alma que los animales? y si es así, ¿todos los animales? Es difícil desarrollar esta teoría en profundidad sin quedarse en la superficie del buonrollismo .
En un Documental que vi sobre una tribu que comían monos como principal fuente de proteínas, a la vez tenían también como mascotas otros monos. Quizás hijos de madres que cazaron , a los que querían y cuidaban mucho. Para nuestra mente análitica es una narrativa imposible de procesar, pero creo que no lo es para nuestra mente simbólica. En una historia muy creíble.
En este sentido, la metamorfosis de humano a animal es una imagen de la caída espiritual, en la que el alma se degrada al nivel de lo instintivo, renunciando a su potencial de la unión con lo divino.
Sin embargo, cuando la degradación es irreversible, como en las narrativas de ciencia ficción donde los personajes pierden por completo su humanidad al ser absorbidos por la tecnología, la historia nos advierte sobre el colapso final, en el que la esencia espiritual del ser humano se destruye por completo.
El robot simboliza un orden frío y rígido, desprovisto de las cualidades vivas y relacionales que definen al alma. Esta degradación apunta al peligro de reducir al ser humano a una serie de procesos y comportamientos mecánicos, desconectados de cualquier principio trascendente.
Si ves el final de Finch observarás el cambio narrativo que se ha producido, el robot se convierte en un digno portador del alma humana.
Imágenes de wild robot de Peter Brown. Libro estupendo y super recomendable a pesar de este post. Yo también tengo mis grandes contradicciones .









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