¿Por qué hacer un álbum ilustrado sin palabras? ¿Qué sentido tiene invitar un niño a leer un libro si, efectivamente, ese libro no se puede leer?

Se suele pensar que si la misión de un álbum infantil es la de formar a pequeños lectores, entonces con más imágenes y menos texto el libro sería para vagos.

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“La ola” de Suzy Lee

En realidad, es justo este el error, no reflexionar sobre el significado del texto en un libro ilustrado infantil. La estructura de un álbum es siempre la narración, y en este sentido, la comunicación narrativa de un libro sin palabras es aún más contundente, siguiendo un lenguaje que quizás se acerque más al del cine y del teatro que al lenguaje literario. Hace poco he leído La trilogía del límite de Suzy lee y a un cierto punto la autora nos cuenta que en ocasiones tiene la sensación de dibujar fotogramas para una película de animación, más que ilustrar un libro. En Espejo, La ola, y Sombras, los libros de la trilogía, toda la narración se desarrolla en torno a un acto específico, con tiempo y espacio determinados.

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“Fox and Chicken” Beatrice Rodriguez

Lo que hace la historia es estirar el tiempo de un particular estado de ánimo, para que el lector “entre” mejor en él. Claramente es algo que a través de las palabras es difícil apreciar, ya que la esencia de una emoción se puede mostrar mejor que describir, estableciendo así una relación empática con el lector. Algo evidentemente importante cuando el interlocutor es un niño que todavía no ha desarrollado un vocabulario lo bastante complejo como para expresar un sentimiento en todos su matices. En este sentido un álbum ilustrado sin palabras tiene algunas ventajas en hacerse entender por los más pequeños.

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“il telefono senza fili” de Renato Moriconi

Como explica Suzy Lee:

“Describir el estado de “pasárselo en grande” es una de las cosas más difíciles de conseguir. […] La única manera de “mostrar” esos momentos tan estimulantes es intentando reflejar su esencia. Supongo que Maurice Sendak estaría de acuerdo conmigo, ya que él representó las tres escenas del jaleo que montan Max y los monstruos, en Donde viven los monstruos, solo con ilustraciones.”

Pero establecer una relación de empatía no es la única función de un álbum silencioso , es también un excelente ejercicio de desarrollo de las capacidades de lectura (y en este caso sacan muy buen provecho también los mayores).

Pero, ¿qué significa aprender a leer a través de un libro sin palabras? Seguramente formarse a ser más receptivos a otro tipo de lenguaje, diferente al verbal. Sí es cierto que una historia puede originarse simplemente de una imagen, pero esto no significa prescindir totalmente del texto.

De hecho es equivocado pensar que en un álbum sin palabras no hay texto, sí lo hay, solo que nace y se desarrolla en nuestra mente. Lo que cambia es el orden en el que procesamos los estímulos.

En el caso de los libros silenciosos no son las palabras sino las ideas el punto de partida. Estos libros nacen entonces de una forma de pensar principalmente visual. Invitan a la exploración, y como las informaciones son limitadas hay que hacer un esfuerzo de lectura mayor.

Por esta razón un álbum ilustrado sin palabras nos forma como lectores, lo único es que estimula una modalidad de lectura diferente. Es el lector quien debe construir su hilo narrativo, hacer preguntas y buscar las respuestas.

Un proceso seguramente más complejo, que hace que entremos en la historia más lentamente, pero también un ejercicio creativo que estimula habilidades deductivas e intuitivas, y permite desarrollar la imaginación.

Es verdad que algunos de estos libros, sufriendo el complejo de no tener texto, corren el peligro de resultar demasiado lógicos y de dar excesivas explicaciones por el temor a que la obra no se entienda. Sin embargo, hay que dejar que su potencial evocativo actúe de forma libre, estimulando las emociones y el juego, porque el vacío es también parte activa de la narrativa.

Hay álbumes sin palabras que dejan al lector mayor libertad de relacionarse con la historia, como es el caso de los libros de Suzy Lee, y hay otros más didácticos, que invitan a la relectura a través del juego (por ejemplo estimulando el lector a buscar personajes entre las páginas o a responder a preguntas al final de la historia). Pero el objetivo es común, es decir, crear una interacción más larga con el lector, estimularlo a abrir el libro una y otra vez, a replantearse la historia y a agudizar la mirada. Descubriendo, así, que cada silencio es diferente.

 

Para profundizar:

Sobre el proceso de relectura en un álbum sin palabras puedes leer también este interesante estudio.

Y aquí te dejo el enlace a una bonita reflexión de Suzy Lee sobre su Trilogía del límite.