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El artista politizado

Cuando a David Hockney le intentaron preguntar sobre su orientación política respondió: «Solo he votado dos veces en mi vida, y de eso hace ya mucho tiempo. Desde hace meses tengo la cabeza ocupada con el tapiz de Bayeux y no dedico ni un minuto a pensar en el brexit. El tapiz de Bayeux, del siglo XI, marca el comienzo del arte europeo. Comparado con esa maravilla, el brexit es algo marginal.»

Según el psicólogo Jordan Peterson, la orientación política viene dada principalmente por el tipo de personalidad de cada individuo. Las personas más abiertas a transgredir y explorar más allá de cualquier tipo de frontera (sexuales, físicas, mentales, creativas, laborales etc… ) son más dadas a ser progresistas y de izquierdas y las personas que necesitan establecer fronteras y delimitar espacios (cualquier espacio) son conservadores o de derechas. Los progresistas creen en la apertura y cuánto más de izquierda más apertura se anhela. Cuanto más conservador, más rigidez y por lo tanto menos apertura se desea, se necesita un control de aquello que está dentro de las fronteras, cualquier frontera .

 Este dicotomía no es reciente de democracias liberales avanzadas, sino que proviene de un recorrido de anhelos del individuo que cristaliza en su organización política y se manifiesta en cualquier área . Una división que parece ir mucho más allá de la razón, casi se diría que está relacionada con las dos almas del ser humano y sus dos modos de elaborar con sus dos hemisferios de trabajo. Una para dominar lo conocido y el otro para explorar lo desconocido e integrarlo a su vez en lo conocido.


Sinceramente no creo que exista la solución correcta de antemano para cada situación o en cada comunidad ciudad, pueblo o país.  Tampoco creo que lo sepa nadie porque no existe una solución correcta por defecto, depende del medio y del tiempo , y ese medio es líquido, cambiante y muy variable.  Depende también del muy necesario diálogo entre la apertura, la transformación y la necesidad de conservar lo que se tiene. Los conservadores creen en el orden y cualquier disruption en ese orden creen que lo lleva al desorden. Los progresistas necesitan explorar un poco más allá y en su espíritu a veces no necesitan conservar prácticamente nada.

En las democracias más estables esas dos personalidades conviven como conviven dentro de los individuos más estables , rompiendo las barreras y una vez rotas creando los mecanismos de estabilidad. Un yin y yan eterno , en continuo movimiento y nunca parado y tampoco en total caos. un orden sostenido con la exploración continua. «En este lugar, tienes que estar siempre en movimiento para quedarte en el mismo sitio», advertía la Reina de Corazones a Alicia. Es la naturaleza de la Naturaleza, creemos que está en un equilibrio, pero está siempre en movimiento y siempre cambiando y adaptándose a su vez.


Ese equilibrio desequilibrado se rompe si se produce demasiado caos o demasiado orden. Ambas son iguales de disruptivas , quizás el exceso de orden es más peligroso cuándo sucede, pero es evidente entonces entender por qué los artistas creen ser al 99 % progresistas o de izquierdas y en la mayoría de los casos bastante a los extremos. Son personas que no quieren establecer fronteras, de ningún tipo.

También Jordan Peteson sostiene que los adolescentes son progresistas por naturaleza y los más mayores conservadores. Las orientaciones políticas parecen ser una materialización de una personalidad destinada a orientarse en el mundo. Saber cuál es tu lugar y tu destino. Los niños tienen una personalidad definida y un espíritu de aventura que se pone de manifiesto descubriendo y rompiendo espacios ya conocidos, pero no es una orientación política, aunque solemos establecer de forma temprana esa relación.

Y, ¿Dónde se encuentran los artistas? En mi opinión los artistas se encuentran fuera del perímetro de las estructuras políticas. Necesitan libertad para explorar continuamente aquello que desconocen e incorporarlo a nuestras necesidades de lo real, para explicar a través de trascender y de la ficción quienes somos y para ver más allá de donde nadie es capaz de ver, ni de mirar. Como el babuino Rafiki en el El Rey León, una estructura externa alejada del poder que tiene sus propias ideas y conclusiones , que poco tienen que ver con el desarrollo de la política. El artista posee ese elemento mágico que desafía a la lógica y al entendimiento, representa solo al inconsciente colectivo y no sigue las reglas de sintaxis establecida, tiene su propia manera de entender el mundo y de representarlo.

Hay artistas que tienen bien separada la cuestión entre su yo artista y su ego con una ideología política y son aquellos que no se dejan que influir como artistas o dejan que su arte sea usado como instrumento para ideologías. Su arte no está contaminada por una ideología externa.

La política está encapsulada en lo social, y lo social en lo psicológico. El arte es ese sueño fuera de la racionalización que descubre nuevas maneras de ver el mundo.


 Quizás aquí he encontrado el motivo del artículo, advertir a aquellos que ponen a su yo artista a trabajar para beneficio de una orientación política o de una ideología determinada. Por lo comentado anteriormente , esta situación se suele dar en ámbitos de militancia de izquierda, aunque la llamada «guerra cultural» de conservadores ya se manifiesta para cambiar esta situación.

No cuestiono en absoluto la existencia o la libertad de artistas que se dedican a hacer política, eso ha existido y existirá siempre. El problema de artistas politizados en mi opinión se da cuando su participación política se mueve desde la crítica hacia la demonización del que piensa de manera diferente. En sociedades abiertas, libres y heterogéneas lo normal es que exista polarización, eso no es un problema. Pero la demonización sí lo es, cuando la lucha política se convierte en un problema existencial , el mero hecho de la existencia de alguien que no piensa como tú es un incordio.

Naturalmente la pregunta que surge es hasta qué punto el artista debe desentenderse de su responsabilidad de ciudadano y defender los valores en los que cree. Mi hipótesis a esa pregunta es que podrían defenderse esos valores hablando al inconsciente y no siendo un engranaje más de una ideología política determinada, sobre todo si hablamos de democracias asentadas.

Seguramente este artículo no tendría ningún sentido en Corea del Norte, Cuba, Libia o alguno de los 28 países del mundo con dictadura, las prioridades serían otras.

Cuando yo era pequeño mis padres nunca discutían de política con sus amigos. Mi padre nunca supo la ideología política de su mejor amigo. Quizás se deberían volver un poco a hacer más íntimos los defectos ideológicos que todos tenemos, el contrario solo favorece a juntarte con los que tienen tus mismos defectos. Jim Henson comentaba que los artistas son peligrosos porque se juntan con todo tipo de personas.

Calvin and Hobbes by Bill Watterson (mi candidato)

19 marzo, 2022

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Ilustraciones by Gaia Stella