Dice Giulia Bologna que “el libro ilustrado es uno de los frutos más refinados de nuestra civilización”. Continúa diciendo que “se puede afirmar que el estudio de la ilustración del libro a través de los siglos está íntimamente ligado a la evolución general de las artes mayores, tanto que un estudio completo de su desarrollo podría ser la iniciación más sencilla a la historia del arte.”

Con estas frases comienza el apartado sobre decoración e ilustración de los manuscritos en su libro “Manuscritos y miniaturas. El libro antes de Gutenberg”, de editorial Anaya. Estaba utilizando este libro como fuente de información sobre los manuscritos miniados, pero quedé fascinada por el libro mismo. Se trata de un canto de amor al libro en general, al manuscrito y sus miniaturas en particular.

Desde que existe el manuscrito, ya sea en tablillas, piedras, huesos o papiros, los textos van acompañados de ilustraciones. Bologna señala los libros ilustrados más antiguos que podemos disfrutar son los  “libros de los muertos” de los egipcios. Nosotros pensamos que la ilustración comenzó antes aún, en las cavernas con el Homo ilustris, pero claro, no son libros como tal.

Bajo relieve que representa una librería. Época romana

En el libro escrito por Bologna se pueden apreciar mil años de obras maestras, es decir, mil años de ilustraciones en manuscritos miniados.

¿Qué es un manuscrito miniado? Son todos aquellos manuscritos enriquecidos con decoraciones y pinturas, haciendo énfasis en tres elementos la letra inicial de un párrafo, la decoración del borde o marginalia y la ilustración miniada. El término “miniar” significa “colorear en rojo” y se origina en la palabra minium, que era como se llamaba en la Edad Media al cinabrio o sulfuro de mercurio, un color rojo vivo que ya se usaba en Pompeya para dibujar las iniciales de los antiguos códices. Para la ilustración miniada, además de los colores extraídos de plantas, insectos y minerales se solía utilizar oro y plata.

Al inicio, el escritor y el ilustrador era la misma persona, pero más adelante las labores se separaron. Hasta el siglo XII el arte lo practicaba casi únicamente el clero, debido a que los talleres de miniado existían sólo en los monasterios; la habitación en la que se creaban estos manuscritos se llamaba el scriptorium. Más adelante, con la laicización de la producción del libro, el arte de la miniatura se convirtió en un oficio ejercido por profesionales independientes que trabajaban a comisión; a partir del siglo XIV se distribuyó la tarea entre el miniaturista, que hacía las partes secundarias como letras adornadas, bordes y decoración, y el pintor, que se encargaba del trabajo más importante, es decir, la ilustración, aunque su tarea carecía de iniciativa. Existían repertorios de modelos de imágenes y de formas a los cuales había que atenerse. El pintor tenía que contentarse con ejecutar las acciones escritas con anterioridad en el códice o con esbozos que indicaban las líneas generales de la escena a representar.

En Europa hubo varias escuelas de manuscritos: la francesa, la de Tréveris, la Palatina, la de Tours, la angloirlandesa o la bizantina entre otras. Cada una de ellas con su propio estilo de decorados, motivos, colores y pinturas.

La variedad parece infinita. Se pueden observar desde imágenes esquemáticas e ingenuas aunque muy expresivas como una miniatura de San Ildefonso, De virginitate Sanctae Mariae, del siglo X.

De virginitate Sanctae Mariae

O este ejemplo de pintura helenístico-romana, llamado Hoja Púrpura de Xanten del siglo VI. Es sumamente delicada, tal vez por su sencillez a mis ojos mucho más moderna que miniaturas pintadas en siglos posteriores. Se trata de una hoja suelta insertada en un manuscrito carolingio del siglo IX. Se cree que se trata del retrato de un escritor trabajando, dado que en la antigüedad era costumbre colocar el retrato al principio del manuscrito.

Hoja Púrpura de Xanten

Ilustraciones tan sofisticadas como esta página del Libro de Horas, códice del siglo XV, con 24 miniaturas que ilustran el calendario, 20 miniaturas a toda página, 78 páginas rodeadas por marcos decorados, muchas iniciales miniadas y bordes laterales decorados también con mascarones especiales.

Libro de Horas

Bologna menciona que el ilustrador de las miniaturas tenía unas normas que debía seguir y de las que no podía alejarse. Sin embargo, pienso que el ilustrador sigue siendo un artista y siempre encuentra, dentro de los lineamientos que debe seguir un resquicio por el cual colar su creatividad y dejar su impronta personal.

Entre las ilustraciones de los manuscritos miniados se pueden encontrar diversos animales mitológicos, flores, tipos de decoraciones pero algo que ha llamado particularmente la atención de varios investigadores amateurs y profesionales es la presencia constante de caracoles luchando o dialogando de alguna forma con caballeros en las marginalias de la escuela inglesa. Si, caracoles.

Salterio de Rutland

En este ejemplo del Salterio de Rutland, del año 1.260, vemos a un hombre rezando junto a caracol. Y como este hay decenas de escenas con caracoles. Hay varias teorías al respecto: los caracoles representan la muerte y/o la resurrección; los caracoles representan a los lombardos; los caracoles son parte de una sátira contra los caballeros y el concepto de la caballería en sí; los caracoles representan enfrentamientos entre pobres y ricos; y mi favorita: un poco de humor por parte del ilustrador.

Hasta ahora sólo he mencionado, y muy someramente, manuscritos miniados de europa. En el resto del mundo también se hacía fabricaban manuscritos con ilustraciones. En el Imperio Otomano se desarrolló un tipo de miniaturas muy particulares, más estilizadas y un poco más abstractas que las europeas. Los persas desarrollaron su propio estilo, en el siglo XIII se tomó importancia después de recibir influencia china con la invasión de los Mongoles. En ambos casos, alrededor del siglo 16 y 17 se coleccionaban ilustraciones en muraqqa o murakkas que eran álbumes de ilustraciones y caligrafía en forma de libros.

Miniatura Persa

En Mesoamérica existía literatura precolombina, es curioso que para los Mayas y los Aztecas la misma palabra se usaba para ‘escribir’ y ‘dibujar’, por lo que se torna difícil distinguir el texto de la ilustración. Lamentablemente, la mayor parte de estos códices fueron destruidos por el clero, como lloró Bartolomé de las Casas. Uno de estos códices, el Tro-cortesiano, se puede disfrutar en Madrid, en la Casa de América.

Códice Tro-cortesiano

Tampoco he mencionado los libros chinos, que inventaron el papel y la técnica de impresión con caracteres de madera y los tipos móviles unos 400 años antes que Gutenberg. Este Sutra del Diamante fue impreso en 868.

Sutra del diamante

Cada estilo de desarrollo de manuscritos en las diversas partes del mundo merece su propio artículo, la producción parece infinita y parafraseando a Bologna: el estudio del arte del manuscrito miniado es la iniciación más sencilla a la historia del arte.

Bibliografía