Durante la Plena Edad Media, por motivos religiosos principalmente, las imágenes son más directas y esquemáticas. Las figuras se suelen representar con contornos gruesos que eliminan el volumen. No se busca la representación realista sino que hay una intención didáctica que revierte en la representación.

Por ejemplo: Las líneas del contorno de las figuras del Pantocrátor de San Clemente de Tahull (s.XII, estilo Románico) parecen vectoriales, con un trazado nítido, y no tienen una intención naturalista, si no la de una representación clara. El contorno es limpio e inexpresivo y va cambiando de color según las partes del cuerpo.

No se busca la representación realista sino que hay una intención didáctica que revierte en la representación.

También parecen vectoriales las líneas de contorno en los cómics de Chris Ware, (Jimmy Corrigan, Building Stories) con una maestría en el entintado que no parece manual. Es un ejemplo de línea clara en su máxima expresión.

En esta tabla procedente de las tumbas de Sancho Sánchez y Juana de la iglesia de San Andrés de Mahamud (s.XIII, estilo Gótico) en la que se representan a unas plañideras en plena acción, los contornos son más finos en las caras y manos que en el resto de las siluetas. Los vestidos típicos para el duelo tienen una línea gruesa que los rodea y en el interior se crean unas texturas lineales de diferente grosor. Cómo contar tanto (el dolor fingido de estas mujeres, arañándose la cara y tirándose del pelo) con tan pocos recursos gráficos es sorprendente.

Como vemos en este estilo hay un camino hacia el naturalismo y se empiezan a representar las emociones y los sentimientos. El gótico lineal destaca por la importancia que se da a la representación de las líneas en el dibujo y en la pintura. Las vidrieras con sus contornos de plomo y los códices iluminados mantienen en común el contorneo de las figuras.

Vidriera y miniatura de las Crónicas de Saint Denis (s. XIII)

Esta economía de recursos en la representación nos remite al ilustrador Saul Steinberg (s.XX) que maneja la línea con una gran maestría conceptual. Y a Davide Cali y Serge Bloch con su emotivo libro El hilo de la vida.

A partir del Renacimiento la representación es más realista, ya sea por el contexto cultural o por los avances en la óptica que permiten la proyección de imágenes mediante lentes, tal y como explica el pintor David Hockney en su libro ensayo El conocimiento secreto, podemos observar un gran cambio en el estudio de las formas y su plasmación sobre el soporte.

En este estudio de la cabeza de Leda (1506), de Leonardo da Vinci, la línea de contorno es fina y se aprecian diferentes tipos de líneas: diagonales paralelas con un ángulo aproximado a los 45 grados para separar el fondo de la figura. Líneas direccionales curvas que provocan la sensación de volúmenes puros (la cabeza como una esfera y el cuello como un cilindro se sombrean con un rayado curvo en una misma dirección). Líneas con diferente presión (tensionadas) en los rizos del pelo provocando luces y sombras. Rayados cruzados para las zonas más oscuras. Con todos estos rayados se consigue una amplia gama tonal: juntando las líneas creamos zonas de sombra y separándolas la luz.

En ese camino hacia el naturalismo nos encontramos este dibujo (a la izquierda) de la Madre de Alberto Durero (1514). Realizado con carboncillo, el trazo es fino y suave en las zonas de luz y grueso en las zonas de sombra (trazos gruesos en pómulo izquierdo, cuello…). Hay líneas curvas y paralelas en la frente que generan volumen. Incluso dentro de un mismo trazo podemos ver el efecto de luz y sombra y de volumen tan sólo variando la presión del carboncillo (ropaje). La línea se tensiona y crea acentos en determinadas partes con una intención volumétrica.

Y en el dibujo de su mujer, Mi Agnes, Durero lo resuelve con un trazo rápido y suelto, el contorno mantiene diferentes presiones y se interrumpe en determinadas partes. Los efectos de sombra se consiguen soltando más tinta en las líneas de las zonas de sombra (pliegues de la manga del vestido) y con rayados paralelos en diferentes direcciones (interior del vestido). El resto de la figura está iluminada por diferentes focos de luz y con los trazos precisos para dibujar el volumen.

Y para acabar este segundo recorrido de la línea, propongo el siguiente ejercicio:  escuchar el Preludio de la Suite para violonchelo núm.1 en sol mayor  BWV 1007 de Johann Sebastian Bach con los ojos cerrados y actuar como un sismógrafo con un lápiz y un papel a la vez que lo escuchamos. Intentar registrar todas las variaciones del chelo con diferentes presiones del lápiz al trazar una línea continua. No importa si nos salimos del papel, lo importante es sentir la música e interpretar las variaciones del chelo mediante la sensibilidad en el trazo.