A todo el que vaya a Grecia le recomendaría pasar por la isla de Creta. No sólo es el Mediterráneo de un azul maravilloso, y las aceitunas particularmente deliciosas, sino que se encuentra una de las excavaciones que más he disfrutado: Cnossos. Uno de los palacios de la civilización minoica.

Los minoicos eran comerciantes, expertos navegantes, que dominaban desde Creta un grupo de islas del mar Egeo y comerciaban con la Grecia continental, Chipre, Egipto, Siria, Mesopotamia y la península Ibérica. Más notable aún, la mayor parte de expertos indican que era una civilización matriarcal, algo particularmente minoico.

Lo primero que me llamó la atención es que Cnosos es un palacio, no una fortificación, lo que, para algunos arqueólogos, significa que no tenían miedo de invasión. Era, además, la primera vez que veía un sistema de distribución y tratamiento de aguas en una civilización antigua, pero lo que perdura en mi memoria son sus frescos. Ese recuerdo es el origen de este artículo. Lamentablemente, mientras investigaba sobre los frescos de Cnosos me enteré que la mayoría fueron restaurados y hay muy pocos restos sobre los que se puedan sacar conclusiones sobre ellos. ¿Cómo saber si la restauración fue fiel o no? Los murales que tanto me habían emocionado podían no reflejar lo que había en Cnosos hace miles de años. Me había quedado sin ilustraciones para estudiar y analizar. O eso creía.

¿Qué murales eran originales? Quedan trozos originales que muestran algunos detalles interesantes. Los minoicos usaban como objetos decorativos plantas de todo tipo, no sólo el lirio o papiro tan comunes en la época, sino otras plantas como el dictamos, la amapola, el olivo, el azafrán y varias plantas acuáticas. Varios tipos de animales, desde abejas en un collar, aves, delfines, peces, fauna marina en general, animales mitológicos y, por supuesto, los toros. Los toros aparecen con frecuencia en murales y otros objetos decorativos y estaban aparentemente relacionados con rituales importantes. Los murales muestran hombres y mujeres saltan toros, es decir, recortadores.

Peter Warren, en su artículo sobre el fresco de guirnaldas encontrado en una casa cercana a Cnosos, nos dice que refleja algo esencialmente minoico, la unión armónica entre el arte y la naturaleza.

Guirnaladas

Esta frase, “esencialmente minoico”, es una que me encontré contínuamente en las fuentes a las que tuve acceso. Lo que llama la atención del arte minoico es la naturalidad de los animales encontrados tanto en murales como en objetos de decoración, en oposición a las posturas más rígidas de la figura humana, las plantas y los animales mitológicos. El vuelo de las golondrinas, la postura de los antílopes, o de los delfines son delicados y muy expresivos.

En el resto de Grecia, el formalismo era la norma. Aquí podemos ver dos jarrones decorados con un pulpo, uno es de origen minoico y otro de origen micénico, la diferencia es evidente.

Jarrón minoico
Jarrón micenas

 

Tal como comenta Silvia G. Guzmán en su artículo sobre el Recorrido de la línea, las líneas que definen las figuras humanas mantienen su grosor, pero las líneas de los detalles varían en grosor. Todo muy formal. Sin embargo, tenemos otro ejemplo de la figura humana en ‘La parisina’, un fragmento de mural. A pesar de su pose formal, es maravillosamente expresiva, la ceja, la nariz, su gran ojo, los labios rojos, el cabello ondulado.

La Parisienne

¿Qué determinó que fueran formales y naturales al mismo tiempo? ¿Por qué sólo los animales se muestran de forma natural? ¿Tiene que ver con la religión? En el caso de los egipcios, el formalismo era muy importante debido a que lo que el arte que se usaba era necesario para la vida en el más allá. Igual que con los egipcios, los rituales, las creencias, la sociedad en general debe haber marcado los límites del arte minoico. Curiosamente, aunque los toros son importantes en los rituales, se pueden ver representados de forma no formal, como en el caso de este jarrón. Parece haber mayor libertad de interpretación de lo que había en el antiguo Egipto.

Jarrón Toro

No hay suficiente información sobre la civilización minoica como para sacar alguna conclusión. Espero que algún día los arqueólogos descifren el sistema de escritura minoica.

Hace tres años, en una de las entrevistas que le hicieron a Manuel Marsol al ganar el premio de Álbum Ilustrado Edelvives con ‘Ahab y la Ballena Blanca’, comenta cómo usó las experiencias de su infancia observando el mar para ilustrar su libro. Dice “Recuerdo perfectamente estar de pequeño mirando las algas a través de las gafas de bucear. Me tumbaba donde no cubría, y prácticamente tocaba el fondo con la nariz.” Marsol usó sus experiencias, sus recuerdos y trasladó al álbum el fascinante mundo del mar.

Desde mi punto de vista, en el arte minoico al igual que en el resto del arte griego, se ve más que la necesidad de controlar y regular la sociedad de los egipcios, la necesidad de ver y conocer lo que les rodea. Los minoicos, siendo habitantes de islas y navegantes, disfrutaron, igual que Marsol, de la fauna y flora marina y lo plasmaron en su arte.

Bibliografía: