Las grandes y pequeñas editoriales andan estos días haciendo cálculos y números. Se acerca una crisis editorial y todos los autores seguramente compartimos algunas preguntas. ¿Tiene sentido hacer libros en estos momentos? ¿Van a ser libros distintos?  ¿Pueden ayudar? y si ayudan , ¿Cómo serán esos libros?

Antes que el COVID19 formara parte de nuestro lenguaje diario yo estaba un poco obsesionado con evitar que mis alumnos no tuvieran una fijación en un tipo de libros, los libros de ideología política, de aplicar la moral, los libros de la negación de otras ideas. Quizás sea un problema mío, pero veo en ellos una manipulación y un uso engañoso (aunque legitimo) de la literatura. Siempre es posible crear otro libro igual de ideología opuesta.

Antes de intentar saber cómo serán los libros que pueden sobrevivir en un mercado menos acogedor, quizás tengamos que preguntarnos. ¿Para qué sirve la literatura infantil? Hace poco leí un artículo de Alessandra Sala , que hablaba en los siguientes términos para responder a esta pregunta:

“La literatura infantil tiene la capacidad de sintonizar con las necesidades de los niños, dotando de historias que pueden diluir las necesidades educativas, ciertamente esenciales, equilibrando los valores de la seguridad pedagógica con las formas literarias en nombre de la curiosidad.

Si la educación tiene la tarea de perpetuar el orden social y dirigir las mentes jóvenes a las formas de civilización, la literatura infantil tiene la de transgredir (y a veces subvertir) los límites y las paredes de lo conocido, explorando el otro lugar fantástico, misterioso, inquietante y conmovedor de la necesidad infantil de escapar y navegar.”

La literatura juega con las mismas armas que la educación pero buscando su espacio exterior, la paradoja, el ángulo esquivo, la subversión bien entendida y expandir los límites que nos ha ofrecido la educación.

El tipo de libros que quizás necesitemos corresponden al concepto de la literatura misma.  Escuelas, padres y educadores trabajarán pronto en una realidad muy necesaria, dotar a los chicos de instrumentos que ayuden a retomar su educación y un estado mental equilibrado para el trabajo .  Los autores se pueden interrogar sobre cosas profundas, extender nuestra aportación en el ámbito de la abstracción de las ideas, de aquello que nos ayuda a comprender mejor quiénes somos y por qué actuamos como actuamos. El arte de sobrevolar lo conocido para adentrarse en el bosque de la imaginación y lo misterioso, el arte de hablar de algo sin nombrarlo. Sin dogmas morales ni menús ideológicos.

Los autores no pueden responder a preguntas sociológicas sobre si el mundo debe ser más global, más local, si hay que viajar más o menos. Es decir, sí pueden hacerlo, pero lo harán como un elemento más en la cadena de transmisión de otras ideas ya confeccionadas.

 

Hace 40.000 años cuando un hombre neandertal le señalaba a otro su pintura de la caza de un ciervo o de un caballo se estaban explicando a sí mismos aquello que habían realizado antes , su función, su por qué.  El poder de la abstracción estaba al servicio del grupo. Tantas cosas que no entendieron hasta que lo vieron representado. La literatura es esa reflexión y mucho más, el salto narrativo que nos invita a descubrir las posibilidades y el potencial humano.

Las historias que vendrán quizás no tengan todas las respuestas a las preguntas que esperamos, pero pueden abrir el espacio para conocernos mucho mejor. Para ir más allá, para alcanzar objetos lejanos, como lo ha hecho tantas veces.

 

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