La pequeña oruga glotona es uno de los libros más celebrados de la literatura infantil y, sin duda, el más famoso de su autor, Eric Carle. La primera edición fue publicada en 1969 y desde entonces se ha reeditado en multitud de formatos, ha sido traducida a 33 idiomas y ha vendido 18 millones de copias en todo el mundo. Esta pequeña oruga es imbatible. Sus preciosos y vivos colores están profundamente influenciados por grandes pintores representantes del expresionismo alemán en especial del grupo denominado “El jinete azul” (Der Blaue Reiter) fundado por Valisili Kandinski y Franz Marc. Llegar hasta estas preciosas ilustraciones llevó tiempo, esfuerzo y mucho aprendizaje. Las condiciones sociales no eran nada fáciles y marcaron una impronta especial que convierten la obra de Carle en un canto a la poesía y a la naturaleza.

Eric Carle, nació en Siracusa, Nueva York, el 25 de junio de 1929 en el seno de una familia de inmigrantes alemanes. Desde su infancia sintió predilección por la creatividad y la plástica. A la edad de 6 años sus padres decidieron partir de regreso a su Alemania natal donde Carle pasó su infancia y juventud (podéis ver una entrañable imagen de esta partida junto a su padre en su instagram así como en su web). Trasladarse tan pequeño a una nueva ciudad, con nuevos profesores, costumbres y metodología de enseñanza fue todo un reto, y aunque los niños tienen una formidable capacidad de adaptación, soñaba con el momento de regresar a Nueva York. El autor confiesa que la escuela fue una experiencia un tanto traumática (Reading Rockets’ interview), todo le resultaba muy complicado así que desde pequeño se las arregló para ir simplificándolo en elementos lo más sencillas posibles. Este proceso se observa en todas sus obras de tal manera que la atención se centra en una idea repetitiva, muy adecuada para los niños donde no hay distracciones y el ritmo se mantiene constante.

Otro elemento fundamental en su obra es su amor por la naturaleza por los seres más pequeños: una mariquita, una oruga, un grillo. Comenta el autor que en su vida diaria disfrutaba profundamente de paseos con su padre de quien aprendía muchas cosas sobre la naturaleza. Este respeto lo vemos plasmado en sus libros pues es la naturaleza la gran protagonista. Todo parecía que se iba encauzando cuando a la edad de 10 años aparece en su vida la Segunda Guerra Mundial y su padre es llamado a filas. Su familia pasará entonces por muchas dificultades, vio bombardeado su vecindario por los aliados y su padre fue apresado por tropas rusas. No volvieron a verlo hasta muchos años después y para entonces en palabras de Carle “era un hombre destrozado, física y psicológicamente devastado”. (MORLESIN, 2012).

Aún así prosiguió con su empeño artístico y gracias a las clases de secundaria, tomó contacto con las expresiones artísticas denominadas “degeneradas”, es decir, aquellas que según el régimen nazi se correspondían con todo lo que era el arte moderno y que como consecuencia eran despreciadas y prohibidas. El responsable de este encuentro afortunado fue su profesor de arte, herr Krauss, quien le apoyó y animó en su interés artístico.

Kandinsky, V. En blanco II. 1923

En 1952 después de graduarse en una prestigiosa escuela de arte en Stuttgart vio cumplido su gran deseo de regresar a Nueva York. Lo hizo con un gran porfolio y apenas 50 dólares en su bolsillo. Encontró un trabajo como diseñador gráfico en el New York Times. Desgraciadamente otra guerra absurda, esta vez la de Corea, le obligó a ir a filas y a ser enviado a una base en Alemania. Afortunadamente pudo regresar a América y logró un trabajo como director de arte en una agencia de publicidad. Aquí debía idear campaña tras campaña para los productos hasta que un día, sin saber qué nuevas ideas atraer a su mente, recordó sus clases de estudiante de diseño gráfico en Alemania donde aprendió la técnica del collage con la que quedó fascinado. Rescatada esta técnica de entre sus recuerdos, comenzó a emplearla en sus campañas. Fue entonces cuando uno de estos brillantes collages atrajo la atención de Bill Martin Jr. quien le propuso ilustrar el libro Brown Bear, Brown Bear, What Do You See”. Fue el comienzo de una relación imparable en la creación de libros infantiles.

El trabajo en publicidad implica lanzar una idea simple y directa. Esta es la parte más complicada y puede llevar mucho tiempo. Eric Carle acostumbrado a condensar la esencia de lo que quiere expresar comenta que, una vez sabe lo que quiere hacer, lo ejecuta de manera relativamente rápida. De esta manera integra simplificación, ritmo y color. A la hora de ejecutar sus ideas es absolutamente limpio y puro. Esto también se debe a las enseñanzas de la escuela de arte donde le inculcaron la gran responsabilidad que tienen tanto diseñadores como ilustradores en la creación de productos para el público. El propio autor comenta en una entrevista que “vivimos una época de gran polución tanto atmosférica como visual. Lo que vemos debería ser hermoso, de buen gusto, atractivo e importante” (READING ROCKETS, 2014).

Con todos estos elementos: ritmo constante, colores vivos y fuertes, limpieza de ejecución e imágenes atractivas vamos a relacionar algunos de sus títulos más representativos con la obra de otro gran artista con el que este ilustrador se da la mano: Franz Marc.

Cubierta de Der Blaue Reiter almanac, 1912.

Franz Marc fue un pintor alemán al que la vida no trató demasiado bien. Falleció a los 36 años por una esquirla de metralla en la cabeza en otra guerra estúpida esta vez la I Guerra Mundial. Era un paisajista que se vio cautivado por la obra de V. Van Gogh y P. Gaugin. Hizo amistad con otros pintores como A. Macke y V. Kandinsky con los que fundó el movimiento artístico “Der Blaue Reiter”, el Jinete Azul, que transformó el expresionismo alemán. Este nombre viene de un almanaque que publicaron en 1912 con ensayos sobre la pintura y música contemporánea.

En ambos autores, Marc y Carle, encontramos el mismo profundo amor y respeto por la naturaleza. Ambos emplean colores brillantes y vibrantes: el primero realiza retratos de animales con simplificaciones cromáticas empleando colores con un significado especial, azul para la austeridad masculina y lo espiritual, amarillo para la alegría femenina y el rojo para la violencia. Carle focaliza la historia que quiere contar con animales construidos mediante collage. Para llevarla a cabo pinta papeles con acrílicos de manera que tiene grandes cajones llenos de papeles ordenados escrupulosamente en función del colores y texturas. En su página web podéis ver cómo los realiza, pinta y después los recorta con mucho cuidado para pegarlos sobre el papel definitivo.

En el mencionado libro Brown Bear, Brown Bear, What Do You See? (de la edición en España Oso pardo, oso pardo: desliza y encuentra, Kókinos, 2015) observamos esta conjunción del collage con los animales como protagonistas. El ritmo repetitivo lo hace idóneo para primeros lectores. Al igual que Marc emplea colores disparatados para ilustrar animales como un caballo azul o un gato púrpura.

E. Carle: Oso pardo, Oso pardo ¿Qué ves? De la edición en España Kókinos. Dcha: F. Marc. Vacas, Rojo, Verde, Amarillo, 1912
F. Marc. Los grandes caballos azules, 1911.

Así llegamos a 1969 cuando publica su obra clásica e intemporal, The Very Hungry Caterpillar, 1969 (La pequeña oruga glotona, de la edición en España, Kókinos, 2017). En un comienzo el protagonista iba a ser un gusano, un pequeño gusanito. Comenta el autor que estaba realizando agujeros con un taladro para perforar hojas pensando en la historia de manera que el troquelado simulara cómo el gusano se come el libro. A la editora no terminaba de convencerle que el libro acabara con un gusano grande y verde y comenzaron a pensar otros insectos. La editora le propuso una mariposa y así el autor surgió como protagonista a una oruga que come y come y por mucho que come sigue teniendo hambre hasta convertirse en una preciosa mariposa. Podéis ver aquí su adaptación en un corto de dibujos animados. La intensidad de los colores como el amarillo nos pone en inmediata conexión con Van Gogh y Fran Marc:

Izda: Eric Carle. La pequeña oruga glotona, de la edición en España Kókinos, 2007. Dcha: V. Van Gogh, El sembrador, 1888.
F. Marc, Caballo ante un paisaje, 1910.

En 2011 publicó The artist who painted a blue horse, (El artista que pintó un caballo azul, de la edición en España, Kalandraka, 2012). Este libro es un tributo directo a F. Marc de quien aprendió que “el arte no sólo se limita a reflejar la realidad, sino que también puede interpretarla” (TINTA AL SOL). Así encontramos sus preciosos caballos azules, vacas amarillas en una invitación a desarrollar con imaginación, libertad y creatividad cualquier idea. Toda idea es válida, es el germen de que hay de alimentar y al que hay que dar la oportunidad de que se convierta en algo único y diferente. Podéis ver un vídeo aquí de este libro.

E. Carle, El artista que pintó un caballo azul. De la edición en España Kaladraka, 2012. Dcha. F. Marc, Caballo azul, 1911

En 2019 pudo visitarse una exposición en el Museo de Arte Chrysler: Eric Carle: Moonlit Nights & Other Illustrations donde pudieron admirarse 80 trabajos originales del autor. Si pasar las páginas de sus libros es una delicia ver los originales tiene que ser una absoluta maravilla.

En 2002, Eric Carle fundó y abrió el Museo de Arte de Libros Ilustrados en Amherst, Massachusetts dedicado exclusivamente al arte de libros ilustrados para niños. Entre otros premios y reconocimientos internacionales recibió en 2003 el prestigioso premio Laura Ingalls Wilder Lifetime Achievement Award por su «contribución sustancial y duradera a la literatura para niños».

John Phelan: Eric Carle Museum of Picture Book Art, September 2016, Amherst MA

 

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