Este verano estuve disfrutando del Museo Egipcio de Turín, Italia. Es uno de los museos más importantes de arte egipcio en el mundo. En él pude ver el “Ostracón de la bailarina” y leer el análisis que hacían de ella los curadores del museo. Ahí se indicaba que los ostraca eran lajas de piedra desechables que utilizaban los artistas para practicar o realizar bocetos y planos. Este es particular por dos razones, la primera era por el esfuerzo realizado por el artista, debido a que no ahorró en detalles ni materiales, a pesar de tratarse de una pintura sobre un ostracón, haciendo de ella una preciosidad; la otra razón era que planteaban que la postura de la bailarina no era la postura que cumpliera con el canon de pintura de la época y por lo tanto estaba prohibido. Señalaban que este tipo de ostraca demostraba que los artistas realizaban las pinturas o esculturas con un estilo determinado no por falta de habilidad artística sino porque debían seguir unos cánones de pintura muy estrictos y que si no lo hacían se ponían en peligro.

Investigando un poco más sobre este ostracón descubrí que este tipo de posturas se utilizaban en representaciones de fiestas en la zona de Tebas, por lo que no es una postura prohibida, como lo plantea el museo, sin embargo, sí es evidente la habilidad artística del creador de la obra.

Ostraca de la Bailarina, Museo Egipcio de Turín

Esto me llevó a preguntarme sobre las habilidades artísticas en otros momentos de nuestra historia y sobre qué querían o podían contarnos esos artistas o ilustradores.

Tal como nos cuenta Miguel Tanco en su artículo, Hommo ilustris nació en el momento que fue escogido para narrar historias usando imágenes, “a través del fuego y la imaginación”.

En este sentido, sabemos a través de los estudios de arqueoacústica realizados por Margarita Díaz Andreu y sus colegas, que hay una relación directa entre las cuevas y abrigos con pintura rupestre y sus características acústicas. Estos sitios tienen reverberación y ecos especiales. Perfectos para narrar una historia o para hacer un ritual especial, usando imágenes, iluminación y sonido.

El arte prehistórico abarca un largo período de tiempo y espacio en la historia humana, por lo que es difícil generalizar. Aunque las más conocidas son las ubicadas en la zona Franco-Cantábrica, existen manifestaciones de pintura rupestre en todo el mundo. Se han encontrado varias en Australia, en India donde una de las pinturas muestra un hombre siendo perseguido por un animal, en Rusia y su camello, en el continente Americano, y por supuesto en África. De hecho, hay tantas que no conocía que me sentí bastante abrumada. Por otro lado, las manifestaciones rupestres se extienden en un período largo de tiempo, aunque todavía no se puede datar realmente el momento de realización de las pinturas debido a que las técnicas de las que se disponen no son 100% fiables.

Leones, Cueva de Chauvet

¿Qué objetos son los representados en el arte prehistórico? Animales principalmente, tanto en grupos como solitarios, casi siempre reconocibles; seres humanos, aunque menor frecuencia en actitudes de caza, o en actitudes sexuales; esténciles de manos, ¿de los artistas o de otros miembros del grupo?; esquemas y símbolos, principalmente sexuales. Sin embargo, como menciona Jean Clottes, en las imágenes no se representa el paisaje, la luna, el sol, las plantas, los ríos, sólo en rara ocasión, una línea del horizonte. ¿Por qué?. Esta ausencia de representación parece ser tan importante como la representación contínua de animales.

En todo caso, ¿qué nos querían contar?, ¿cuál era el objeto?, ¿eran narraciones para mantener la historia del grupo?, ¿era parte de un acto mágico-religioso?, se han realizado muchas hipótesis al respecto, posiblemente nunca conoceremos la respuesta.

No nos podemos olvidar de los personajes mágicos que se han encontrado en varias de las cuevas, entre ellos: el hombre-bisón de Chauvet; el hombre-ave de Lascaux; el mago de Les Trois Frères, o el hombre hongo de Tassili n’Ajjer. Todos, una combinación entre humano y algún animal, incluso el último, que aunque también está decorado con setas, la cabeza es de una abeja.

Algo que sí se puede afirmar es que la capacidad técnica y artística de los ilustradores prehistóricos es indudable. Desde las figuras más sofisticadas como las que se encuentran en la Cueva de Altamira, Lascaux o de Chauvet, hasta las más esquemáticas como las de la Cueva del Castillo, se puede observar el uso de una línea muy expresiva, el uso del sombreado, el uso de la misma forma de la cueva para dar tridimensionalidad a las figuras que representan. Las imágenes suelen tener movimiento, tanto las de animales como las pocas veces que representaron a humanos. Incluso, en sitios como Chauvet, parece que el sitio que se escogía para ubicar una ilustración no era baladí, sino importante para todo el conjunto.

Es curioso ver como en la cueva de Altamira se agrupan los bisontes, y en Chauvet se agrupan rinocerontes o leones, dando la impresión de manadas en movimiento o del movimiento de un mismo animal.

En África, en las figuras encontradas en Tassili n’Ajjer, Argelia, bastante más recientes que las mencionadas anteriormente, la figuras humanas parecen estar bailando mientras cazan o realizan otras actividades. Son sumamente estilizadas y graciosas.

Tassili n’Ajjer, Argelia

Andre Leroi-Gourham estableció, con Annette Laming-Emperaire un análisis sistemático de la pinturas rupestres, analizando a través del tiempo y el espacio la ubicación de las imágenes, la agrupación, la frecuencia, el género, la posición y su relación con los símbolos y las marcas de manos que los acompañaron. Descubrió que en casi todas se podía establecer una organización precisa del espacio decorado: que había una pauta en las relaciones de proximidad o alejamiento de las figuras, y en su posición respecto a la topografía de las cuevas en las que se encuentran. Su conclusión es una interpretación simbólica de las representaciones de cada una de las imágenes como signos binarios que se oponen, se alternan y se complementan. Para Leroi-Gourhan estos elementos eran lo masculino y lo femenino.

Más importante aún, Leroi-Gourhan indica que “la gran calidad conseguida en “el oficio” por los artífices de los grandes santuarios, deja entreveer que el artista podía -como ocurrió en tantas sociedades de “primitivos contemporáneos”, o en el llamado arte tribal- recibir una compensación por sus servicios o, al menos, gozar del aplauso o aprobación religiosa de sus contemporáneos. Su producción debía, pues, atenerse cada vez más a aquello que de él se esperaba. Si la perspectiva quedaba abierta con la innovación de la técnica artística (y en esto dan fe suficiente las cavernas decoradas), tal innovación tuvo que atenerse a los límites prescritos por la solicitación social.” Es decir, volvemos al mismo comentario que hacen en el Museo Egipcio de Turín sobre el ostraca de la bailarina, la sociedad dicta las normas bajo las cuales se realiza la ilustración.

Y me pregunto, ¿nos encontramos nosotros, como ilustradores, también limitados por la sociedad? Aunque posiblemente no sea de la misma forma que se realizaba en la prehistoria o en el antiguo egipto, sin duda es así, por la simple razón de que es la sociedad la que consume nuestros productos. ¿Es importante? Pienso que sí, ya que creo firmemente en todo tipo de arte arte como vía de pensamiento crítico de la sociedad.

Bibliografía:

  • Wikipedia.
  • A. Leroi-Gourhan, “Símbolos, artes y creencias de la prehistoria”, Ediciones Istmo.
  • Judith Thurman, “First impressions”, New York Times Magazine.