Las plumillas son uno de los materiales clásicos más sencillos y económicos de cuantos he podido hablar en esta web. Tiene, además, un aire snob que me divierte mucho. Son sucias e incómodas comparada con un rotulador, pero el trazo que se consigue y la experiencia al trabajar no tiene nada que ver. Si nos hacemos con una plumilla y la cuidamos bien nos durará mucho tiempo. Yo siempre llevo varias plumas en mi Botiquín de Primeros Auxilios ilustrados.

Hay distintos tipos de plumillas que dependerán de la dureza, el grosor de trazo que pueda ofrecer, el material, etc. cuyas diferencias no podemos entenderlas más que usándolas. También dependerá del tipo de tinta que se utilice y del papel el hecho de que el trazo sea más rápido o fluido, o se interrumpa o se quiebre por el grano del papel…

Tengo dos tipos de plumillas, unas grandes y otras pequeñas. Las pequeñas son muy flexibles y se pueden conseguir trazos muy variables mientras que las grandes tienen más capacidad de retener tinta lo que ahorra viajes al tintero.

Aquí en la imagen superior trato de mostrar cuánto abren los plumines pequeños. Para hacerlo solo hay que presionar sobre el papel. Sin miedo (pero sin pasarse). Lo hago aquí arriba sin tinta para que se vea bien y abajo con tinta con plumas grandes para que veáis la variación del trazo.

Con respecto a la retención de tinta hay algunos plumines que tienen unos accesorios en la parte superior que se llaman tinteros y sirven para que la pluma tenga un depósito añadido lo que hace que tenga más autonomía.

Estas de la imagen de arriba son plumillas de caligrafía. Se sabe por el corte biselado de la punta, aunque nadie nos prohíbe usarlas para dibujar, por supuesto. Las más “normalitas” son las plumillas de dibujo (con las que, obviamente, también se puede escribir). Junto con las plumillas, que las hay de diferentes tamaños, también hay que contar con un palillero o mango.

No es necesario tener tantos palilleros, con dos o tres es suficiente. Es mejor invertir en plumillas. Podemos combinar plumilla y palillero para conseguir un tándem con el que estemos cómodos.

Si somos mañosos y encontramos materiales interesantes podemos crear nuestros propios palilleros. Yo suelo estar cómodo con palilleros cortos y, a ser posible, que impidan que la pluma ruede por la mesa. Me he hecho estos tres de abajo. Con trozos de cañas del diámetro adecuado puedo añadir un plumín en un extremo. El de abajo del todo, aunque esté torcido, me resulta muy cómodo, y tiene el añadido de que jamás se irá rodando hacia el borde de la mesa. Es importante que el plumín quede bien fijo para que no se mueva.

La tinta que voy a usar es tinta de dibujo, de la marca Winsor & Newton, aunque hay muchas otras marcas y tipos de tinta (acrílica, caligráfica, etc, etc).

Con la tinta y la pluma no podemos conseguir grises así que la manera que hay de conseguir volumen es con texturas y tramados. Cuanto menor sea la densidad de trazos más “grises” parecerá que hay. Os propongo una práctica muy sencilla:

Como no puedo vivir sin enmascarar empiezo así, enmascarando. Cada vez que uso máscaras os digo lo de tener cuidado y probar primero si al despegar no arrancamos papel. Arriba he hecho pruebas de textura y abajo voy a aplicarlo en una ilustración sencilla.

Con la pluma podemos hacer trazos cuyo grosor podemos ir modulando a medida que trazamos la línea apretando más o menos sobre el papel. El negro más intenso se consigue acumulando trazos y para el gris medio de la zona central de la cafetera no hay más que buscar una textura menos densa y el efecto que conseguimos es el de un tono medio. Usar plumilla es muy fácil, no tengo que explicar más, tan solo que contamos con la posibilidad de presionar más o menos para obtener trazos finos o gruesos, lo que nos ofrece una versatilidad y personalidad más interesante que el rotulador negro e incluso de manera mucho más económica. Por lo que nos cuesta un rotulador calibrado nos podemos comprar un plumín y éste nos va a durar toda la vida si lo cuidamos bien.

Otra técnica que podemos trabajar con la pluma es la del puntillismo. Se trata de hacer lo mismo pero a través del punteado. Es una técnica muy resultona y agradecida aunque muy pesada de ejecutar. Probad a hacerlo como he hecho yo, solo con puntos y sin líneas.

Otra ventaja que tiene la plumilla con respecto a los rotuladores calibrados, con los que podemos obtener los mismos resultados, es que podemos usar tintas exclusivas si mezclamos colores, por ejemplo. También es más habitual que la calidad de la tinta de dibujo sea mucho mayor que la que tienen algunos rotuladores.

Uno de los inconvenientes que tienen las plumillas es la limpieza posterior. Es importante limpiar los plumines nada más acabar el trabajo. No hay nada peor que dejar que se sequen (os lo digo yo). Para limpiarlos es suficiente con agua, frotar con los dedos y secar con un papel. Si tiene tinta acumulada se puede limpiar sumergiendo los plumines toda una noche en agua tibia con jabón de ese verde concentrado de fregar los platos, de ese que quita la grasa. Probad y me contáis.

La tinta china que he usado es una tinta no soluble al agua que permite después, por ejemplo, aplicar una aguada o una acuarela sin que se disuelva el dibujo. Hay otras tintas que no se comportarán así por lo que habrá que tener cuidado o probar antes si tenemos dudas de cómo se va a comportar. Sobre esto hablé hace un par de años en este artículo: Alianzas imprescindibles: la línea negra y la acuarela.