Edward Hopper cuenta historias con sus cuadros. Es de esos pintores, como Klee, como Chagall o Dalí, cuyos cuadros parecen estar acompañados de un texto que no podemos leer en ese momento pero que podemos intuir.

Así que empecé a indagar si había ilustrado en algún momento de su carrera. Vaya si había ilustrado. Había sido ilustrador comercial antes de poder ganarse la vida como pintor. En su caso fue empujado por su familia debido a que preferían que tuviese una carrrera como ilustrador a ser artista. Para él, la ilustración no fué un proyecto, experimento o una forma de arte adicional, fue simplemente una forma de ganarse la vida hasta que se pudo dedicar a la pintura exclusivamente. Aparentemente era una persona muy introvertida y le costaba relacionarse con las personas y trabajar para alguien o con alguien y le disgustaba el trabajo de la ilustración. Debido a esto no podemos analizar su obra tal como hemos hecho con Dalí, Klee o Matisse, sin embargo de la experiencia de Hopper con la ilustración se pueden rescatar algunas observaciones interesantes.

Gail Levin, la curadora de la exposición de Ilustraciones de Edward Hopper para el Norman Rockwell Museum comenta que una de las cosas que le atrae de los cuadros de Hopper es que hay que intuir la historia y el observador puede aportar su propia experiencia e imaginación para interpretar lo que está pasando en el cuadro. Esto, justamente, es una de las herramientas que tiene un ilustrador para hacer una ilustración interesante: que no sea obvia para estimular al lector a utilizar su imaginación.

Levin también comenta que ser ilustrador influyó en su obra posterior, debido a que varios de sus cuadros se nutren de las ilustraciones que tuvo que hacer para varias revistas.

Como ilustrador comercial solía hacer portadas para revistas o ilustraciones para artículos. Eran ilustraciones muy típicas de principios del siglo 20, donde generalmente debían aparecer personas realizando alguna actividad alegremente. Hopper comentó que “tenía que dibujar personas moviéndose cuando lo único que quiero hacer es pintar la luz que se refleja en una casa”. Hopper retrataba la soledad y un mundo tremendamente individualista. Las ilustraciones de Hopper que resultan más atractivas son aquellas que muestran personajes solitarios o pensativos, parecidos a los personajes que posteriormente reflejaría en sus cuadros. Esas ilustraciones son parte de su desarrollo como artista.

Cada proyecto que desarrolla el artista, entendiendo al artista como el que crea, es una piedra en el camino. Cada cuadro, ilustración, escultura, poema o instalación que se hace es una herramienta más que se adquiere y que influye en el futuro. Nunca deja de aprender y parte del placer de crear es justamente el camino que se recorre.

El historiador del Arte Francisco Calvo Serraller dice “Es muy difícil un retrato de la América del siglo XX en el que alguna manera no aparezca constantemente Hopper”. Tal como comenta Carlos Veci Lavín en su interesante artículo, el interés de Hopper por lo cotidiano, le convierte en cronista de su época. El camino creativo de Hopper le llevó a ser el ilustrador de referencia de una época de los Estados Unidos de América.

 

Bibliografía:

Carlos Veci Lavín. El Quijote de Hopper (y una diferencia con Cervantes).