En el título ya adelanto mi intención de volver a escribir sobre el tema de la tipografía y la ilustración o el diseño gráfico en ilustración. Si, es una amenaza.

Hace una semana pude participar en el podcast «El Club del Dibujo» en un capítulo dedicado a hablar de los orígenes e historia de la ilustración. Bueno pues colaboré con una breve intervención en la que cité dos álbumes ilustrados realizados por dos diseñadores gráficos, el diseñador Paul Rand y el álbum que diseñó junto a su mujer Ann Rand «Sé muchas cosas» (1956) y «Henri viaja a París» (escrito por Leonore Klein en 1962) ilustrado por el diseñador gráfico Saul Bass.

En estos trabajos se aprecia muy bien la integración entre tipografía e ilustraciones. En los trabajos de estos diseñadores gráficos podemos ver buenos ejemplos de cómo la tipografía también funciona como imagen con lo que se consigue una integración total entre ilustración y texto.

Hoy día hay muchos trabajos en los que se trabaja e integra perfectamente el texto y la imagen, sobre todo cuando se trabaja la tipografía como parte de la ilustración, como imagen además de por sus valores como texto.

Bueno, pues esta colaboración en el podcast y estos trabajos me han ayudado para plantear el artículo de hoy en el que os contaré cómo poder trabajar un texto (una onomatopeya) para su integración en una ilustración.

La integración entre textos (especialmente las onomatopeyas) e ilustraciones está más que trabajado en el terreno del cómic pero también es un recurso muy utilizado en la ilustración infantil y en los álbumes ilustrados. Os voy a proponer unas breves indicaciones para conseguir integrar una onomatopeya en una ilustración. Otro día trabajaremos el texto que cuenta la historia de un álbum o un libro. Primero elegiremos una tipografía (o mejor dicho, descartaremos tipografías), después hablaremos del tamaño (que aquí sí que importa), direcciones del texto y color, y por último aplicaremos algún efecto para ganar expresividad y personalidad.

 

1. Elección de la tipografía

Sé que esto es meterme en un jardín, pero creo que podremos salir airosos de la situación. Voy a resumir mucho: Una tipografía es ya en sí una imagen, es decir, su aspecto, la estructura, las proporciones, etc, etc, ya comunican algo, por lo tanto si bien es complicado aventurarnos a establecer qué tipografía es la más adecuada para nuestro trabajo, tal vez pueda ser más fácil si lo planteamos al revés: qué tipografía no vale para nuestro trabajo. No debemos usar una tipografía que contradiga o distraiga sobre aquello que se quiere transmitir con ella. Descartando esas, el resto de opciones podrán ser o bien ideales o bien neutras. Siempre será mejor una tipografía neutra que una que eche a perder el mensaje. Un ejemplo: Voy a hacer una ilustración de un león rugiendo. Usaré el texto «GRRR!!» y os pregunto: de estas cinco opciones que veis a continuación ¿cuál creéis que puede representar mejor el rugido de un león? (Elegid antes de seguir leyendo debajo).

Espero que rujáis con la primera tipografía porque con las otras no tendríais ninguna credibilidad como rey de la selva. La idea que planteo es la siguiente: si quiero comunicar un rugido, que es algo que asusta, que impresiona, que impone… ninguna de estas sensaciones son atributos que pudiéramos extraer a ninguna de las otras tipografías. La de arriba, la primera, es fuerte, rotunda, intensa… y nos ayudará a transmitir eso. Ayudará, y si bien pudiera haber otras mejores, al menos ésta no dice lo contrario. Espero que entendáis lo que quiero decir con eso de que una tipografía es una imagen que transmite ya de por sí una serie de características. Viéndolo así tendremos un punto de partida a la hora de elegir o descartar tipografías.

 

2. Tamaño, proporciones, direcciones y color

Una vez elegida una tipografía (que al menos no distraiga), debemos componer dicha tipografía, que ya es una imagen, con la ilustración. Aquí hay que valorar el tamaño del texto, las proporciones con respecto a la ilustración, la orientación del texto y el color. De momento.

El tamaño de la onomatopeya está directamente relacionado con el volumen del ruido que escenifica, por lo que si queremos un rugido grande debemos usar un tamaño grande, y si queremos apenas un susurro usaremos un tamaño más pequeño (o incluso otra tipografía que ayude más). Parece una perogrullada pero es la base. Atender esto es importante para que la tipografía, convertida en imagen, adquiera una mayor expresividad y aporte valores narrativos muy interesantes. Es un recurso fantástico con el que poder jugar. Imaginad la historia de un león afónico que poco a poco consigue rugir más fuerte, ahí los tamaños de las onomatopeyas tendrían un valor narrativo muy relevante.

La orientación que he pensado para el texto está relacionada con la línea imaginaria que veo entre la garganta del león y el aire hacia donde ruge, por lo que sería interesante seguir esa línea. Con respecto al color, si lo que queremos es integrar el texto con el resto de elementos (que imagino que si), buscaremos un color que ya esté presente, usaremos un color que ya esté en la escena. Si usáramos un color diferente, o negro si éste no se usa en la ilustración, la onomatopeya no estaría tan integrada. Haced la prueba.

3. Efectos y composición

Los sonidos tienen muchos matices, pueden tener un arranque suave y poco a poco va incrementando el volumen, puede vibrar, puede entrecortarse… y esos matices también se pueden representar a través de distintas manipulaciones y demás efectos que podemos aplicar a la tipografía.

La ilustración de ejemplo está hecha en Adobe Illustrator. Este programa para ilustración vectorial nos ofrece una serie de efectos que podemos aplicar a la tipografía con la intención de personalizar el aspecto del texto y conseguir más expresividad.

Con el texto seleccionado vamos a «Efectos» > «Deformar…» y nos aparecerá un listado de opciones con las que poder crear distintos efectos y para cada uno de los cuales se abrirán múltiples opciones con las que personalizar y afinar más en lo que queramos. Por ejemplo, en este caso he optado por la opción «Bandera» con las opciones que veis en la imagen inferior. He buscado un efecto con el que generar la idea de que el rugido surge de la boca y se va haciendo más grande, más ruidoso, a medida que sale.

Para finalizar, aunque podríamos todavía trabajar más la ilustración, mejoramos la composición trasladando las plantas de fondo bajo el hueco que dejan las letras.

Una cosa interesante es que la tipografía continúa siendo editable, por lo que incluso con el efecto creado, podríamos añadir o quitar letras, símbolos de admiración, etc. Basta con seleccionar el texto y hacer doble clic en él y nos permitiría editar y corregir manteniendo el efecto elegido.

Este tipo de efectos seguramente se pueden realizar en otros programas como Adobe Photoshop o Clip Studio Paint. La ventaja de hacerlo en un programa de edición vectorial como Illustrator es que al trabajar con vectores podemos escalar las ilustraciones al tamaño que queramos sin que se cree el efecto de pixelizado que tienen las imágenes tratadas en software basado en mapa de bits (como Photoshop).