La calle como inspiración: bodegones urbanos

Hace unos años vivía en un barrio a las afueras de la ciudad. El camino de casa hacia el trabajo suponía un descubrimiento diario de composiciones con objetos descontextualizados que conformaban extraños bodegones. Se establecían extrañas relaciones entre ellos e incluso con el paso de los días se creaban secuencias temporales.

En lugar de fotografiarlos, preferí apuntarlos y crear un listado de objetos y composiciones que con el tiempo me sirviesen para dibujarlos de memoria o para crear un librito de artista de collages/bodegones urbanos.

He aquí parte de ese listado diario de objetos encontrados en el suelo de mi calle:

– aspirador color mostaza oscuro

– televisor gigante

– armario bajo tipo taquillón sin una puerta con ropa dentro saliendo

– ventana tapada con un rebujo bien hecho de sábana

– al día siguiente el rebujo está medio deshecho colgando

– escalera de mano como puerta

– frigorífico

– televisor y bota de trabajo al lado en una esquina de la tele

– bota de trabajo en la esquina de la calle

– cubo de fregona, zapatilla y botas de caña alta

– sillón de oficina con un tubo de pegamento vacío en el asiento y el tapón encima del
propio tubo

– televisor con dos botas de trabajo

– máquina de gimnasio

– sillón de oficina con un ladrillo roto encima

– un cubo dentro de otro cubo: una canasta negra de goma grande y dentro un cubo de      fregar azul boca abajo

– unos pedales negros de no se sabe qué

– dos fregonas iguales tumbadas en línea una detrás de la otra. Una con el palo verde claro y la otra roja

– dos cubos de la fregona tumbados con la boca hacia la pared y un martillo en el suelo paralelo a la pared

– una galleta redonda dada la vuelta

– un tendedero de ropa de plástico y encima de él, en una esquina en diagonal un portafotos de 18×24 cm boca abajo

– sobre el peldaño superior de las escaleras de piedra de entrada a una casa descansa una plancha

– la plancha ya descansa en paz (destripada)

– al lado de un gallo gordo hay tirado un pollito de peluche amarillo claro

– un talonario de recetas de Muface en el suelo y un poco más adelante en la esquina de la calle dos neumáticos apoyados atados con cinta de carrocero

– al lado del contenedor, abajo en el asfalto, un abrigo de piel negro dado la vuelta

– dos botines de mujer de escay color toffee, tumbadas lateralmente y enfrentadas por la punta, dispuestas simétricamente

– una fregona apoyada en la pared y al lado un prisma irregular blanco

– un perrillo negro despelujado atado, otro blanco y negro más adelante que está de perfil, quieto, mirando la pared. Es un dálmata de escayola de tamaño real

– una muñeca sirena de trapo tumbada boca abajo

– dos gallos en un rincón a la sombra

– dispuestos en el suelo, formando una línea curva abierta: cargador negro de teléfono, sandalia blanca de bebé, bota de trabajo, cadena de eslabones color plata. Un poco más apartados, unos cables de ordenador

– una mesa blanca, encima un taburete de base roja y redonda con las patas hacia arriba y encima una naranja (fruta)

– el taburete está de pie, sobre el suelo y encima tiene una pelota forrada con papeles de periódico hechos tiras

– una mesa de camping y encima un pijamasaco de borreguito azul y debajo una pistola de juguete negra, casi real

– un muñeco del Coyote (Correcaminos) tumbado boca arriba con una bomba en sus manos, y al lado un cubo azul de fregar con agua sucia hasta la mitad

– el contenedor de basura está lleno de ramas secas, parece un florero gigante

– dos tomos de la Biblia Enciclopédica en el suelo, uno al lado del otro, más adelante un guante negro de goma

– al pasar, una gallina ha emitido un ” hiiiiiiiiii” mientras me miraba, y una hoja seca avanzaba horizontalmente en el aire, basculándose rítmicamente

– una batidora sin cable tumbada en el suelo

– sobre las dos escaleras de entrada a una casa hay una camisa blanca con detalles de rayas rosas que se adapta a los peldaños. Debajo, en el suelo a la derecha de las escaleras un minitetrabrick de zumo de naranja

– un puñado de lentejas cocidas en un rincón, más adelante otro

– al lado de las tres escaleras de la puerta de casa, hay una cajonera y una silla roja a su lado, perfectamente colocadas. Parece un escritorio, un mini despacho. Después de unos días, sólo quedan los dos últimos cajones, no hay tablero en la parte superior y debajo de la base asoma un trapo blanco y azul ¿una camisa?

– cinco neumáticos de cochazo apoyados sobre la pared

– en el primer peldaño de la escalera, está intentando subir una camiseta amarilla. Arriba, del pomo de la puerta, cuelga una bolsa de basura en perfecto equilibrio

– otro aspirador beige, solo con el tubo flexible

– neumático apoyado horizontalmente y relleno de pedruscos

– una zapatillita rosa de pana aplastada en la carretera

– dos tacos de madera simétricos, enfrentados diagonalmente y rodeados de cáscaras de pipas

– alita de pollo a medio comer en medio de la acera y joyero de plata en un rincón de las escaleras de acceso a una casa

– siempre hay alguna zapatilla de niño perdida por la acera

– una esquina de un edredón blanco con florecillas marrones paralelas a los bordes, al lado una teja con yeso

– algunas verduras y frutas por el suelo irreconocibles por su estado: un minipimiento amarillo, prieto, concentrado, con media parte podrida, el hueso de una nectarina con restos de pulpa que brilla al sol de forma espectacular los colores son intensos y saturados: una poesía gritando color tirada en el suelo

– un palo hace de arbotante entre el suelo y la puerta de un coche rojo. Sujeta un embellecedor del coche. En la base del palo, una piedra hace de tope

– unas playeras blancas con rayas negras, granates y doradas siguen bajo la lluvia desde el fin de semana. Pero ahora ya no están rodeadas de chapas de cerveza. A su lado, en diagonal, un sillón de mimbre tipo Enmanuel tiene encima una silla-capazo de bebé

– una jaula de plástico azul llena de objetos dispares: un frutero de tres pisos, un jamonero y una caja de Magia Borrás

– el frutero metálico de tres pisos está en medio de la calle: un platillo está lleno de colillas, otro de tierra y el último de hierbitas

– dos gallos inflados dormidos sobre sus patitas

– los gallos viven en un pequeño descampado entre dos edificios cercado por una malla metálica. Esta malla está rota y para que no se escapen los gallos cada día se acumulan diferentes objetos a modo de puerta:

Cubos de plástico de pintura y un transportín metálico con ruedas de llevar maletas

Cubos de pintura, entre medias una garrafa roja de aceite de coche y encima de todo una silla verde de plástico de terraza de bar. Justo abajo sobre la acera, las palomas se acercan a picotear una ración de patatas fritas cortadas en trozos grandes

Cubos y una bicicleta de montaña tapando la malla

Un tendedero de ropa en horizontal, encima una tabla fina del mismo tamaño, un poco más abajo una rueda de la bici de montaña y en la acera abajo bien centrada y paralela a lo demás la garrafa roja de aceite

Un gallo está en la acera, entretenido en rascarse ¿El otro? La fortaleza de alambres ha sucumbido.